martes, 3 de marzo de 2015

El fin de la televisión de masas

El fin de la televisión de masas
 
Escribe: Ignacio Ramonet. Director de Le Monde diplomatique, edición española.
 
Ante el avance de internet y las redes sociales, la televisión se ha transformado por completo, y algunas personalidades –como el director de Netflix– hablan incluso de su posible desaparición. De un consumo lineal, los televidentes han pasado a un consumo “en diferido” y “a la carta”.
 
La televisión sigue cambiando rápido. Esencialmente por las nuevas prácticas de acceso a los contenidos audiovisuales que observamos sobre todo entre las jóvenes generaciones. Todos los estudios realizados sobre las nuevas prácticas de uso de la televisión en Estados Unidos y en Europa indican un cambio acelerado. Los jóvenes televidentes pasan del consumo “lineal” de televisión hacia un consumo “en diferido” y “a la carta” en una “segunda pantalla” (computadora, tablet, smartphone). De receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, “productores-difusores”, o productores-consumidores (prosumers).
 
En los primeros años de la televisión, el comportamiento tradicional del telespectador era mirar los programas directamente en la pantalla de su televisor de salón, manteniéndose a menudo fiel a una misma (y casi única) cadena. Con el tiempo todo eso cambió. Y llegó la era digital. En la televisión analógica ya no cabían más cadenas y no existía posibilidad física de añadir nuevos canales, porque un bloque de frecuencia de 6 MHz equivale a una sola señal, un solo canal. Pero con la digitalización, el espectro radioeléctrico se fracciona y se optimiza. Por cada frecuencia de 6 MHz, en vez de una sola cadena, se pueden ahora transmitir hasta 6 u 8 señales, y se multiplica de ese modo la cantidad de canales. Donde antes en una zona había 7, 8 o 10 canales, ahora hay 50, 60, 70 o centenares de canales digitales...
 
Esa explosión del número de cadenas disponibles, particularmente por cable y satélite, dejó obsoleta la fidelidad del telespectador a un canal de preferencia y suprimió la linealidad. Como en el restaurante, se abandonó la fórmula del menú único para consumir platos a la carta, simplemente haciendo zapping con el control remoto entre la nueva multitud de canales.
 
La invención de la web –hace 25 años– favoreció el desarrollo de internet y el surgimiento de lo que llamamos la “sociedad conectada” mediante toda clase de links y enlaces, desde el correo electrónico hasta las diferentes redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) y mensajerías de texto y de imagen (WhatsApp, Instagram, etc.). La multiplicación de las nuevas pantallas, ahora nómades (computadores portátiles, tablets, smartphones), ha cambiado totalmente las reglas de juego.
 
La televisión está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido individualmente, a través de diversas plataformas, de manera diferida y personalizada.
 
Esta forma diferida se alimenta en particular en los sitios de replay de los propios canales de televisión que permiten, vía internet, un acceso no lineal a los programas. Estamos presenciando el surgimiento de un público que conoce los programas y las emisiones pero no conoce forzosamente la parrilla, ni siquiera el canal de difusión al que pertenecen esos programas originalmente.
 
A esta oferta, ya muy abundante, se le suman ahora los canales online de la Galaxia Internet. Por ejemplo, las decenas de cadenas que YouTube difunde, o los sitios de video para alquilar a la carta. A tal punto que ya no sabemos siquiera lo que la palabra televisión significa. Reed Hastings, director de Netflix, el gigante estadounidense del video en línea (con más de 50 millones de suscriptores), declaró recientemente que “la televisión lineal habrá desaparecido en veinte años porque todos los programas estarán disponibles en internet”. Es posible, pero no es seguro.
 
También están desapareciendo los propios televisores. En los aviones de la compañía aérea American Airlines, por ejemplo, los pasajeros de clase ejecutiva ya no disponen de pantallas de televisión, ni individuales, ni colectivas. Ahora, a cada viajero se le entrega una tablet para que él mismo se haga su propio programa y se instale con el dispositivo como mejor le convenga (acostado, por ejemplo). En Norvegian Air Shuttle van más lejos: no hay pantallas de televisión en el avión, ni tampoco entregan tablets, pero el avión posee wi-fi y la empresa parte del principio de que cada viajero lleva una pantalla (una computadora portátil, o tablet, o smartphone) y que basta pues con que se conecte, en vuelo, al sitio web de la Norvegian para ver películas, series o emisiones de televisión, o para leer los periódicos (que ya no se reparten...).
 
Jeffrey Cole, un profesor estadounidense de la Universidad UCLA, experto en medios en Internet y redes sociales, confirma que la televisión se verá cada vez más por la Red. Nos dice: “En la sociedad conectada la television sobrevivirá, pero disminuirá su protagonismo social; mientras que las industrias cinematográfica y musical podrían desvanecerse”.
 
Sin embargo Jeffrey Cole es mucho más optimista que el patrón de Netflix, ya que afirma que en los próximos años, el promedio de tiempo consagrado a la televisión pasará de entre 16 a 48 horas a la semana actualmente a 60 horas, dado que la televisión, dice Cole, “va saliendo de la casa” y se podrá ver “en todo momento”, a través de cualquier dispositivo-con-pantalla con sólo conectarse a internet o mediante la nueva telefonía 5G.
 
El rol de las redes sociales
 
También hay que contar con la competencia de las redes sociales. Según el último informe de Facebook, casi el 30% de los adultos de Estados Unidos se informa a través de Facebook y el 20% del tráfico de las noticias proviene de esa red social. Mark Zuckerberg afirmó hace unos días que el futuro de Facebook será en video: “Hace cinco años, la mayor parte del contenido de Facebook era texto, ahora evoluciona hacia el video porque cada vez es más sencillo grabar y compartir”.
 
Por su parte, tambien Twitter está cambiando de estrategia y está pasando del texto al video. En un reciente encuentro con los analistas bursátiles de Wall Street, Dick Costolo, el consejero delegado de Twitter, reveló los planes del futuro próximo de esa red social: “2015 –dijo– será el año del video en Twitter”. Para los usuarios más antiguos, eso tiene sabor a traición. Pero según Costolo, el texto –su esencia, los célebres 140 caracteres iniciales– está perdiendo relevancia. Y Twitter quiere ser el ganador en la batalla del video en los teléfonos móviles.
 
Según los planes de la dirigencia de Twitter, se pueden subir videos desde el móvil a la red social a partir de ahora, a comienzos de 2015. Se pasará de los escasos seis segundos actuales (que permite la aplicación Vine), a añadir un video, tan largo como sea, directamente en el mensaje.
 
Google también quiere ahora difundir contenidos visuales destinados a su gigantesca clientela de más de 1.300 millones de usuarios que consumen unos 6 mil millones de horas de video cada mes... Por eso Google compró YouTube. Con más de 130 millones de visitantes únicos al mes, en Estados Unidos YouTube tiene una audiencia superior a la de Yahoo! En Estados Unidos, los 25 principales canales online de YouTube tienen más de un millón de visitantes únicos a la semana. YouTube ya capta más jóvenes de entre 18 y 34 años que cualquier otro canal estadounidense de televisión por cable.
 
La apuesta de Google es que el video en Internet va a terminar poco a poco con la televisión. John Farrel, director de Youtube para América del Sur, prevé que el 75% de los contenidos audiovisuales serán consumidos vía internet en 2020.
 
En Canadá, por ejemplo, el video en internet ya está a punto de sustituir a la televisión como medio de consumo masivo. Según un estudio de la encuestadora Ipsos Reid and M Consulting “el 80% de los canadienses reconocen que cada vez ven más videos en línea en la Web”, lo que significa que, con semejante masa crítica (¡80%!), se acerca el momento en que los canadienses verán más videos y programas en línea que en la televisión.
 
Nuevos modelos de uso
 
Todos estos cambios se perciben claramente no sólo en los países ricos y desarrollados. También se ven en América Latina. Por ejemplo, los resultados de un estudio realizado por la investigadora mexicana Ana Cristina Covarrubias (directora de la encuestadora Pulso mercadológico) confirman que la Web y el ciberespacio están cambiando aceleradamente los modelos de uso de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, en México. La encuesta se refiere exclusivamente a los habitantes del Distrito Federal de México y concierne a dos grupos precisos de población: 1) jóvenes de 15 a 19 años; 2) la generación anterior, padres de familia de entre 35 y 55 años de edad con hijos de 15 a 19 años. Los resultados revelan las siguientes tendencias: 1) tanto en el grupo de los jóvenes como en la generación anterior, las nuevas tecnologías han penetrado ya en alta proporción: 77% posee teléfono móvil, 74% computadora, 21% tablet y el 80% tiene acceso a Internet; 2) El uso de la televisión abierta y gratuita está bajando y se sitúa apenas en el 69%, mientras que el de la televisión de pago está subiendo y ya alcanza casi el 50%; 3) Por otra parte, aproximadamente la mitad de los que ven la televisión (29%), usan el televisor como pantalla para ver películas que no son de la programación televisiva, ven DVD/Blu-ray o Internet/Netflix; 4) El tiempo de uso diario del teléfono celular es el más alto de todos los aparatos digitales de comunicación. El celular registra 3 horas 45 minutos. El ordenador tiene un tiempo de uso diario de 2 horas y 16 minutos, la tablet de 1 hora y 25 minutos y la televisión de apenas 2 horas y 17 minutos; 5) El tiempo de visita a redes sociales es de 138 minutos diarios para Facebook, 137 para WhatsApp; en cambio para la televisión es de sólo 133 minutos. Si se suman todos los tiempos de visitas a las redes sociales, el tiempo de exposición diaria a las redes es de 480 minutos, equivalentes a 8 horas diarias, mientras el de la televisión es de sólo 133 minutos, equivalentes a 2 horas y 13 minutos. La tendencia indica claramente que el tiempo consagrado a la televisión ha sido rebasado, ampliamente, por el tiempo consagrado a las redes sociales.
 
La era digital y la sociedad conectada son ya pues realidades para varios grupos sociales en la Ciudad de México. Y una de sus principales consecuencias es el declive de la atracción por la televisión, especialmente la abierta, como resultado del acceso a los nuevos formatos de comunicación y a los contenidos que ofrecen los medios digitales. El gran monopolio del entretenimiento que era la televisión abierta está dejando de serlo para ceder espacio a los medios digitales. Cuando antes un cantante popular, por ejemplo, en una emisión estelar de sábado por la noche, podía ser visto por varios millones de telespectadores (unos 20 millones en España), ahora ese mismo cantante tiene que pasar por 20 canales diferentes para ser visto a lo sumo por 1 millón de televidentes.
 
De ahora en adelante, el televisor estará cada vez más conectado a internet (es ya el caso en Francia para el 47% de los jóvenes de entre 15 y 24 años). El televisor se reduce a una mera pantalla grande de confort, simple extensión de la Web que busca los programas en el ciberespacio y en Cloud. Los únicos momentos masivos de audiencia en vivo, de “sincronización social”, que sigan reuniendo a millones de telespectadores serán entonces los noticieros en caso de actualidad nacional o internacional espectacular (elecciones, catástrofes, atentados, etc.), los grandes eventos deportivos o las finales de juegos de emisiones de tipo reality show.
 
El dominio estadounidense
 
Todo esto no es únicamente un cambio tecnológico. No es sólo una técnica, la digital, que sustituye a otra, la analógica, o internet que sustituye a la televisión. Esto tiene implicaciones de muchos órdenes. Algunas positivas: las redes sociales, por ejemplo, favorecen el intercambio rápido de información, ayudan a la organización de los movimientos sociales, permiten la verificación de la información, como es el caso de WikiLeaks... No cabe duda de que los aspectos positivos son numerosos e importantes.
 
Pero también hay que considerar que el hecho de que Internet esté tomando el poder en las comunicaciones de masas significa que las grandes empresas de la Galaxia Internet –o sea, Google, Facebook, YouTube, Twitter, Yahoo!, Apple, Amazon, etc.– todas ellas estadounidenses (lo cual en sí mismo ya constituye un problema...) están dominando la información planetaria. Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”, y la cuestión que se plantea ahora es: ¿cuál es el medio? Cuando veo un programa de televisión en la Web, ¿cuál es el medio? ¿la televisión o internet? Y en función de eso, ¿cuál es el mensaje?
 
Sobre todo, como reveló Edward Snowden y como afirma Julian Assange en su nuevo libro Cuando Google encontró a WikiLeaks (1), todas esas mega-empresas acumulan información sobre cada uno de nosotros cada vez que utilizamos la Web. Información que comercializan vendiéndola a otras empresas. O también cediéndola a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en particular a la Agencia de Seguridad Nacional, la temible NSA. No nos olvidemos de que una sociedad conectada es una sociedad espiada, y una sociedad espiada es una sociedad controlada.
 
 
1. Léase Ignacio Ramonet, Entrevista exclusiva a Julian Assange: “Google nos espía e informa a Estados Unidos”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2015.
 

jueves, 26 de febrero de 2015

La educación nos hará libres

Lo imposible es posible
 
Escribe: Gastón Acurio
 
En este mundo conectado, donde la información está al alcance de todos en todas partes, la competencia por conquistar los corazones de los cientos de millones de consumidores que se levantan cada día en busca de nuevas experiencias se vuelve cada vez más exigente. Ya no basta tener una hermosa historia que contar, unos atributos que preservar, un producto único y mágico con el cual seducir. Hoy, la innovación debe ser constante para poder ofrecer, de manera permanente y consistente, nuevos productos e historias que mantengan al consumidor conectado con aquello que producimos. La gastronomía no es ajena a este nuevo escenario. Todos los países se han dado cuenta, en parte gracias al ejemplo de la cocina peruana convertida en una nueva marca internacional, de lo importante que puede ser su gastronomía para la promoción de sus productos o sus destinos turísticos. Cada vez más países miran su despensa, sus raíces, sus conceptos, sus protagonistas, para consolidarlos en una propuesta gastronómica que los represente exitosamente y les permita acceder a este mundo gastronómico lleno de oportunidades, hoy reservado a una docena de países, entre ellos el Perú. En Turquía, Corea, Singapur, Israel, Filipinas, Marruecos, Colombia o Hungría, por solo citar unos ejemplos, están trabajando con importantísimos presupuestos para hacer que sus gastronomías se conviertan en una poderosa herramienta de promoción y expansión de su cultura y sus productos en el mundo.
 
Por ello es importante que aquí, en el Perú, no desmayemos un segundo en seguir innovando, desarrollando, perfeccionando y avanzando en todo aquello que aún nos queda por hacer, para que el actual poder de seducción que nuestra gastronomía ostenta nunca decaiga, sino que se haga cada día más fuerte. Existen muchos caminos; sin embargo, uno de los más importantes es asegurar una formación y educación de altísimo nivel para aquellos jóvenes que sueñen con ser parte de esta hermosa y desafiante actividad. Por ello es que, desde hace años, veníamos soñando con hacer algún día una universidad de última generación dedicada a la gastronomía, que viniera a complementar al instituto técnico que hace algunos años formamos en Pachacútec. Nuestro sueño, que hoy se empieza a hacer realidad en alianza con la Universidad Católica, era claro: debemos formar a los jóvenes más talentosos del Perú en el mundo de la gastronomía, siguiendo todos los desafíos a los que deberán enfrentarse para convertirse en líderes mundiales.
 
El cocinero de hoy debe formarse desde una mirada humanista, integral, multidisciplinaria, que le permita contar historias a través de sus platos, transformar el mundo a través de su cocina y ganarse, así, la confianza de comensales o clientes que hoy quieren en realidad ser más que eso: quieren ser seguidores de aquellos a quienes respetan por lo que hacen, por lo que dicen y por el impacto que tienen. El cocinero moderno debe formarse en arte clásico y moderno para aprender a atrapar la belleza en sus platos. Debe saber de sociología para comprender los desafíos de su tiempo y su entorno, de literatura para llenar de poesía sus sabores, de física y química para entender el porqué de sus procesos culinarios, de música para impregnar de ritmo sus recetas, de historia y antropología para comprender de dónde venimos y hacia dónde vamos, de medicina para ofrecer placer y bienestar, de economía y márketing para poner en valor lo que representamos, de diseño y de comunicaciones para redondear conceptos y comunicarlos emotivamente.
 
En suma, el cocinero peruano del futuro debe prepararse mucho más que antes si es que queremos que nuestra gastronomía siga su camino ascendente. Por ello, nuestra universidad estará obsesivamente enfocada en ese sentido, porque estamos convencidos de que es la educación, no solo en la gastronomía sino en todos los terrenos, la que, finalmente, nos hará libres y enrumbará al Perú hacia su desarrollo definitivo.
 
Hoy, los peruanos nos preparamos para dar lo mejor de nosotros en muchos territorios, nos esforzamos para sacar adelante nuestros sueños, imaginamos nuestros productos y propuestas compitiendo exitosamente por el mundo y nos preparamos para ello con dedicación y convicción. Por ello, en esta hora electoral, lo que esperamos de nuestros políticos es precisamente eso: que se preparen, que estudien, que investiguen, que se formen y eduquen sin cesar. Además, esperamos que los partidos políticos se fortalezcan a partir de la selección de sus hombres y mujeres más preparados para que nos representen en el Parlamento y recuperen, así, su prestigio y majestad. Ya lo dijo Haya de la Torre en sus últimos años al afirmar que el gran desafío del Perú estaría en la buena educación y la formación de una clase política que, en vez de gritar, dialogue; y que, en vez de pelear o reñir, sepa escuchar y debatir.
 
Hoy, los ciudadanos del Perú rogamos a nuestros políticos que beban de todas las fuentes: de los clásicos y los modernos, de los sabios de todas las artes, las ciencias y las letras de todos los tiempos; desde Cicerón, Maquiavelo, Sun Tzu y Rousseau, hasta Mariátegui, Von Hayek o Popper. Deben estudiar políticas públicas exitosas llevadas a cabo por otros países en terrenos tan importantes como la seguridad ciudadana, la integración y paz social, el comercio, la innovación, el diseño, el medio ambiente, la cultura, el arte, el deporte, y ver cómo pueden ser aplicables a nuestros problemas y desafíos. Pero también deben impregnarse de cultura y conocimiento humanista, dejarse llevar por los nobles senderos de las artes y, muy en especial, de la literatura como fuente de comprensión del mundo. Soñar junto a Balzac, Borges, Camus, Proust, Saramago, Faulkner, Salinger, García Márquez, Vargas Llosa y tantos, además de tantos otros narradores y poetas que llenarán de luz e inspiración sus ideas, sus compromisos, sus batallas y, lo más importante, su corazón. Ya lo decía Platón: el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano. Los ciudadanos del Perú intentamos cada día recoger ese mensaje. Nuestros políticos, aquellos a quienes elegiremos para representarnos, deberán ir mucho más lejos. Deberán prepararse para ser los mejores entre los mejores. Con voluntad, lo imposible se vuelve posible.
 
Fuente: Perú 21

viernes, 13 de febrero de 2015

Mártires polacos en Perú

Mártires polacos en Perú
 
La beatificación de tres sacerdotes asesinados es el homenaje a quienes luchan contra la violencia
 
Escribe: Diego García-Sayán
 
La noticia se publicó en Perú la semana pasada, pero quedó un tanto perdida en medio del fárrago de titulares alrededor de la aburrida crisis política local, crecientemente judicializada y huérfana de ideas. La beatificación dispuesta por el papa Francisco de tres jóvenes sacerdotes asesinados en el norte de Perú en 1991 por Sendero Luminoso, conocida en ese contexto, tiene un inmenso significado que no puede pasar desapercibido.
 
Michael Tomaszek (30) y Zbigniew Strzalkowski (32), Franciscanos de Cracovia, fueron fulminados por las balas terroristas el 9 de agosto de ese año en la localidad andina de Pariacoto del departamento de Ancash. Los asesinos dejaron junto a los cadáveres un pedazo de cartón en el que habían escrito “así mueren los que hablan de la paz y los que lamen el imperialismo”. Sandro Dordi (60) cayó dos semanas después en el trayecto de Vinzos a Santa, en la misma región de Ancash, muy lejos de su natal Bérgamo.
 
Tuve ocasión de conocer Vinzos, Pariacoto y demás parajes de Ancash, en el norte andino del Perú, cuando pasé una larga temporada en esa zona como voluntario de la Cruz Roja, en el socorro a las víctimas y la reconstrucción del terremoto de 1970 en el que murieron más de 70.000 personas. Hermosas e idílicas a la vista, pero muy pobres quebradas interandinas, con una economía campesina batalladora. La catástrofe producida por el sismo añadía dramatismo y retos inmensos a gente que enfrentaba con tesón y perseverancia; el trabajo voluntario permitía reconstruir escuelas, acequias e iglesias.
 
Veinte años después, la garra terrorista y asesina de Sendero Luminoso ensangrentaría de nuevo estos parajes. Cayó sobre ellos una nueva página de sufrimiento, esta vez por obra humana. Es en ese contexto en el que fueron asesinados esos tres buenos sacerdotes, que acompañaban con su prédica y trabajo social a la gente, mayoritariamente muy pobre, con un mensaje de paz y justicia. Eso demostró ser demasiado para la cerril intolerancia senderista que los asesinó.
 
La guerra que desató el terrorismo de Sendero Luminoso en 1980 produjo la muerte de decenas de miles de personas, tanto por acción terrorista del terrorismo como por operaciones militares del Estado. Durante los más de 20 años transcurridos, el hecho del asesinato de los tres sacerdotes quedó un tanto perdido entre la ruma de información sobre los miles de muertos y desaparecidos en 20 años de violencia.
 
La iniciativa y perseverancia de Monseñor Luis Bambarén, entonces obispo de Chimbote (cabeza eclesial de las parroquias en donde laboraban los tres mártires en Ancash), fue capital para mantener la memoria sobre lo que pasó impulsando el proceso de beatificación desde 1995. En esta última fase, el marco del papado de Francisco fue decisivo para producir la justa beatificación de los tres mártires, en simultaneidad a la beatificación de Monseñor Óscar Romero, asesinado por un comando paramilitar de ultraderecha en los prolegómenos de la guerra interna en El Salvador.
 
Esto tiene un inmenso significado: el reconocimiento y homenaje a conductas ejemplares de personas que batallaron contra la violencia con su fe y cerca del pueblo; al lado de las preocupaciones y almas de los pobres, explicación de por qué el terrorismo asesinó a unos, y el paramilitarismo a Romero. Muy distinta a la conducta de algún pastor que en el sur andino del Perú en esos mismos años cerraba las puertas a quienes buscaban auxilio y apoyo frente a las masacres o las desapariciones.
 
Es para mí un gran honor en estos tiempos compartir con Monseñor Bambarén y otras personas la responsabilidad de tener que poner este año a disposición de la sociedad peruana el Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social. En ese espacio de memoria, Tomaszek, Strzalkowski y Dordi ocuparán un lugar especial. Ello no solo como homenaje a las víctimas sino para promover —y remachar— la convicción de que el horror no puede repetirse.
 
Fuente: El País

jueves, 12 de febrero de 2015

Construyendo el gran sueño de todos

Mi pequeño gran sueño
 
Escribe: Gastón Acurio
 
Tengo un sueño. Un pequeño gran sueño. Íntimo, personal, tal vez frívolo. No es el gran sueño del Perú con oportunidades para todos por igual. Del Perú que finalmente desterró la corrupción para siempre. Del Perú visto por el mundo como un paraíso que todos quieren visitar. Del Perú en el que nuestros niños reciben la mejor educación pública posible, en el que nuestros jóvenes sueñan en grande porque saben y sienten que pueden hacer grandes cosas en su tierra, en el que nuestras familias salen a las calles sintiéndose seguras y protegidas, y en el que nuestros padres y ancianos puedan llegar al fin de sus días sintiendo que ser peruano valió la pena. No, no es el sueño inmenso del Perú para todos y admirado por todos. Ese es un sueño que vivimos, soñamos y perseguimos día tras día, con nuestras palabras y nuestras acciones, millones de peruanos. La mayoría lo hace anónimamente, algunos intentando arengar al resto desde sus trincheras con su ejemplo de vida. Unos con más recursos que otros, algunos con más tiempo y devoción que otros, pero, al final, ese es el sueño que tenemos y compartimos la inmensa mayoría de peruanos que nos levantamos cada mañana a trabajar por nuestros sueños y los de nuestra patria.
 
Mi pequeño gran sueño es algo más banal, quizá egoísta y, sobre todo, poco importante o insignificante para el resto. No es un sueño distinto al que tuve cuando era adolescente. En realidad, se trata de regresar a él. Es el sueño de poder algún día tener ese pequeño restaurante de cinco mesas que imaginaba cuando descubrí que había nacido para ser cocinero. El poder ir temprano al mercado, escoger los mejores ingredientes que ofrece la temporada, poder conversar y bromear con los caseros, tener el tiempo para tomarme un juguito sentado en una banca del puesto favorito mientras veo la gente pasar.
 
Poder llegar a mi pequeña cocina, de dos hornillas, un horno de leña donde hacemos el pan y un batán, y empezar a diseñar lo que será el menú del día. Escribir la pizarra donde anunciaremos los platos del día, porque, claro, en un restaurante así no puede haber una carta. El menú lo decide el mercado, el humor, la vida. Empezar a sentir los olores del guiso, del aderezo, del rostizado. Saludar a los clientes, que, más que clientes, son personajes con nombre y apellido que, al entrar, quedan desnudos de cargos o fortunas para convertirse todos en comensales de una misma cocina y un mismo sentimiento. Poder ver sus caras de felicidad o de sorpresa y, por qué no, de rechazo. Poder dejar que la tarde caiga sin prisas, generosa, apacible, deliciosamente simple y común. Disfrutar de un chilcano al final del día como premio a lo vivido o, en realidad, como agradecimiento a la vida que nos tocó vivir.
 
De momento, mi pequeño gran sueño es un sueño lejano. Aún hay mucho por hacer, mucho por crear, mucho más por explorar, por arriesgar o por aventurarse. Y es que hacer empresa entendiéndola como una oportunidad para crear riqueza y oportunidades, para abrir caminos, para compartir y generar bienestar a lo que te rodea, para contribuir con tus acciones a que ese sueño colectivo que compartimos los peruanos se vaya haciendo cada vez más cercano y posible, es una tarea ardua que demanda paciencia y perseverancia. Tarea ardua que, en todo caso, se ve ampliamente recompensada por el honor de poder vivir una vida entregada a hacer lo que uno pueda hacer de forma digna y decente, por sacar adelante los sueños de su familia y de su patria.
 
Hay tanto, pero tanto por hacer aún que a veces mi pequeño gran sueño parece alejarse. Pero no. El cocinero es, por naturaleza, optimista. Tiene que serlo para evitar que su cocina caiga en la mayor de sus desgracias: la desazón. Por ello, a pesar de las señales equívocas de su entorno, el optimismo siempre regresa y, como cada día, con más fuerzas que ayer, la tarea se renueva, el compromiso se agita, y una vez más va para adelante, aprendiendo, compartiendo, avanzando, con la ilusión de que, a cada paso, cada día, el premio del pequeño gran sueño estará más cerca en la medida en que todos con nuestras acciones vayamos construyendo ese gran sueño de todos, el Perú.
 
Fuente: Perú 21

viernes, 9 de enero de 2015

Humala no es un farsante

“Me dirás que (Humala) es cachaco, chiricuto, lo que tú quieras, pero por el amor de Dios, no es un farsante”
 
Rafo León. Escritor, poeta, columnista, pero por sobre todo, viajero incansable. Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Católica del Perú (PUCP). Lleva más de 14 años como conductor del programa Tiempo de Viaje, que se emite por Plus Tv. 
 
Texto. Ana Núñez.
 
Rafo León ha visto un duende.  Hace poco viajó a la provincia puneña de Sandia para hacer un programa con los productores cafetaleros, cuando tuvo un encuentro con uno de esos seres mágicos. "Empecé a andar por la selva y de repente en un recodo del camino, con el sol de fondo y la quebrada, veo una cosita que se movía y que era como un títere con una capita amarilla y un sombrero azul", dice con la emoción de un niño que narra su última aventura. Al llegar a su hotel, León preguntó si era posible que haya alucinado. ¿Acaso se estaba volviendo loco? La respuesta de los lugareños fue que no, que se había encontrado con un guardián del bosque, y que si ese guardián del bosque lo hubiera visto rompiendo una rama, matando a un animal, o haciendo un daño, lo hubiera hecho rodar por el precipicio. Rafo sonríe.
 
Tu trabajo consiste en viajar constantemente. Eso es maravilloso, pero ¿se puede mantener la capacidad de sorprenderse ante lo que uno encontrará en cada travesía después de más de 300 viajes?
 
Te voy a ser sincero: esa capacidad se reduce, se hace más selectiva. A mí cada vez me sorprenden menos las ruinas y los bosques, aunque los adoro. Lo que sí me sigue sorprendiendo es la gente. Esto ya lo he dicho, pero te lo vuelvo a contar. Desde que empecé a viajar me ocupé de identificar a un personaje que aparezca así, en cualquier lugar del Perú, que es –por lo general– un maestro, un gran conocedor de su sitio que te habla de todos los temas posibles y que, además, te da todo lo que sabe y sin límites; pero nadie lo conoce afuera de su ámbito. Cuando yo me encuentro con gente así y la comparo con la nata política que tenemos, digo: Acá hay algo que no anda bien; es decir, la gente que debería estar en el poder, no está. Hay que hacer algo por eso.
 
Sostienes que viajar no consiste en llegar a un destino, sino en la experiencia que tienes al hacerlo. Tu vida es, entonces, un solo viaje que dura... ¿50 años ya?
 
Yo tengo 64... Sí, sí, 45 a 50 años...  Será porque mi vida ya está moldeada de esa manera, pero yo aún cuando estoy en Lima, incluso períodos largos, siento que es como el concho de la chicha que se guarda porque cuando vuelves a echarle líquido, se hace otra vez chicha. Es igualito. Hay un concho que está ahí fermentado y que sigue haciendo viaje acá, en mi casa, con mis objetos, con mis textos, con mis libros, con mi familia... Finalmente, viajar es eso: Viajar es vivir y vivir es viajar.
 
El cúmulo de tus recuerdos sensoriales siguen haciendo viaje...
 
¡Sí! y hace que yo no pueda estar en una quietud, digamos burocrática, nunca. Mi cabeza anda a 10 mil, porque además tengo el Sindrome de Atención Deficitaria, entonces... (ríe) el viaje continúa. Mira, me voy a Marruecos el jueves (25) y ya estoy prefigurando mis sentimientos: lo difícil, lo malo, la belleza... todo eso está dando vueltas por mi cabeza. Yo ya estoy de viaje.
 
Es que el viaje no empieza cuando uno sube al ómnibus o al avión.
 
¡Ni hablar! El viaje empieza mucho antes y termina mucho después.
 
Siempre usas a Paul Bowles para explicar qué convierte a alguien en viajero. Un viajero lo es porque "está inconforme con su realidad". ¿Con qué estás inconforme, Rafo?
 
Mira... A pesar de que mi vida para algunos pueda ser envidiable, en el fondo –como dicen las viejas– nadie sabe lo de nadie. A lo largo de los años yo he ido desarrollando una visión cada vez más escéptica de la vida. Estoy ahora convencido de que, como dice Aguilar Camín, el ojo humano tiene una direccionalidad hacia el mal; que el ser humano, cualquiera, hasta la madre Teresa de Calcuta, ante la alternativa de hacer el bien o de dañar, va a elegir dañar, porque lo llevamos en el alma. Las personas somos terriblemente imperfectas y tendemos a dañar porque así sobrevivimos mejor. Entonces, yo estoy ahora en una onda un poco difícil en ese sentido. Estoy más cerca de pensar que nos hemos olvidado de nuestra propia historia, que la manipulación nos está gobernando, que la ficción de la libertad es cada vez más obvia y, bueno, con las redes sociales ya no hay nada que esconder.
 
Estás en una onda pesimista respecto de la sociedad, pero has dicho que en algún momento sentiste que podías ayudar a transformarla.
 
Bueno, yo de repente ya he generado algunos pequeños cambios con los viajes. Pero a mí, no sé, ya no me interesa eso. Me interesa... quiero entender el mundo por primera vez en mi vida. Antes me sentía muy cerca de Chomsky, ahora me siento más cerca de Jodorovsky (ríe). Y digamos algunas cosas. Por ejemplo, la Ley de Empleo Juvenil es una barbaridad que está pésimamente configurada, una fórmula muy mala que no ha leído a los jóvenes, pero creo que no se puede seguir más sin poner un parador del que cada vez más gente parta en las mismas condiciones.
 
¿Qué se debe hacer, entonces?
 
Derogar esa ley y que la planteen no desde la perspectiva del empresario, sino desde la persperctiva del trabajador. Tiene que ajustarse el tema de las edades y se tiene que enfatizar mucho más el beneficio a futuro del trabajador antes que el beneficio presente del empresario de contratar mano de obra barata. Ese es el principal cambio: Que sea un sistema de estímulo de capacitación y no un empleo injusto.
 
Esto de que las leyes se elaboren pensando en el empresariado es algo de todos los gobiernos, ¿no?
 
En general, sí, desde hace mucho tiempo. Acá, con sus bemoles, todos los últimos gobernantes terminan siendo –no quiero decir que empiecen– terminan siendo agentes de los empresarios. Ahora, yo te confieso una cosa: después de Fujimori, Alan y Toledo, personajes a los que yo deseaba que les fuera mal porque tenían que desenmascararse, cuando sube Humala yo, no sé si porque ya tenía nietos y uno ya está pensando en el futuro de ellos, cuando sube Humala y yo lo veo y veo a Nadine y los conozco, por primera vez en mi vida sentí el deseo de que les fuera bien. Yo te juro que a pesar de todo lo que les está pasando, mantengo el deseo de que no se sigan destruyendo las cosas por la irresponsabilidad del Apra, de Keiko, de PPK, de fuerzas políticas oscuras, del Movadef...
 
¿Te parece que Humala está haciendo las cosas bien?
 
    Mira, yo creo que hace cosas muy malas. Este intento de ley es un buen intento fallido, como tantos otros, porque el tipo no sabe y es fácil que venga un empresario y diga: yo te voy a enseñar cómo se hace... Pero, hay una actitud diferente. Es un factor subjetivo, sociológico, más que político, que es el estilo. Me dirás que es cachaco, chiricuto, lo que tú quieras, pero por el amor de Dios, no es un farsante, no es un manipulador, no es un desgraciado, como lo es Alan García. Tampoco es un pobre diablo, mentiroso, como lo es Toledo; ni un asesino-psicópata, como lo es Fujimori. Este hombre es lo que es, es de una sola pieza y a veces es manipulado, pero –por lo menos– siento que hay una base confiable que yo no he perdido.
 
A pesar de López Meneses, a pesar de Martín Belaunde.
 
A pesar... Creo que a este pata le han hecho trastada y media, le han puesto bombas de tiempo o lo han engañado con cosas que no conoce. Su inexperiencia, ¿no? Pero no le dan un respiro. Yo no sé por qué la gente cada vez odia más a sus políticos...
 
¿Será porque han hecho méritos para que eso sea así?
 
Yo no creo que Susana Villarán merezca el odio que generó. De ninguna manera. Yo no creo que Ollanta ni Nadine merezcan el odio que la gente les tiene. Les tienen odio, por el amor de Dios. Y es la desconfianza. El problema de este país es la desconfianza. No confías en ti, no confías en tu talento, entonces qué vas a tener confianza en el otro. Y otra cosa que te iba a decir, el periodismo hace mucho que no está jugando el mejor de sus papeles. Todo lo contrario.
 
¿Cuál es el problema, Rafo?
 
Primero, que en muchos casos responde a los intereses de las empresas. Y luego, la calidad del periodista es muy baja. Contratan a periodistas jóvenes, inexpertos, que no saben lo que dicen. Entonces, no tenemos paz para meditar dónde estábamos y dónde estamos. Por eso te mencionaba a Jodorovsky: La danza de la realidad. Nos olvidamos del pasado con una facilidad... Nos olvidamos de Fujimori tanto como nos hemos olvidado de lo que fueron las Cruzadas. Yo me pregunto si el yihadismo y todas estas cosas terribles que están ocurriendo con el Islam extremo no son una respuesta histórica a lo que hicieron los cruzados. La realidad da vueltas, si no sales de ese samsara, si no te escapas, vas a seguir en lo mismo, y vamos a repetir errores, y vamos a repetir errores, y vamos... ¿Cómo es posible que haya ganado Waldo Ríos en Áncash?
¿Qué lógica me explica eso?
 
Volvemos a algo que dijiste al comienzo de esta conversación. No están en el poder las personas que deberían estar.
 
Así es. Ahora, eso no va a ser siempre así...
 
¿No? ¿Cómo hacemos el cambio?
 
Ese es el punto... Yo sí creo que tiene que haber habido cambios en las últimas décadas. Mira incluso en la época del Fujimori, una época nefasta, hubo cuadros no fujimoristas que se formaron y siguen haciendo la tarea. Entonces, otra vez Jodorovsky: El samsara y lo que te escapas. Analicemos lo que se está repitiendo de manera perversa y que está generando cada vez más daño, incluyendo con prioridad el tema ambiental. Ver qué hay que hacer para juntar pasado, presente y futuro en un presente realista, de buena leche.
 
¿Es realista pensar en un Gastón Acurio conduciendo este ómnibus llamado Perú?
 
No, yo creo que Gastón –que es un hombre sumamente inteligente– ha elegido un rol político como de líbero. Él coquetea pero para hacer ver otro fenómeno. Fíjate lo que ha pasado ayer (lunes) con estas declaraciones que ha dado: "Si en el Perú hubiera un Gadafi o surgiera un líder de esa laya, ahí sí yo me lanzo". Acá nunca va a haber un Gadafi, porque no hay condiciones para un tirano de esa naturaleza, pero mira lo que te está diciendo: "Ojo que podría ser que... estate atento y piensa bien... mantente alerta, no te entregues a un mafioso".
 
Es el entrelineado el mensaje.
 
Exactamente, tú lo has dicho, el entrelineado que él sabe manejar a la perfección. Y que lo entienda el que lo quiere entender.
 
Siempre has hablado de tu interés en la política. ¿Por qué no animarse de una vez a dar el salto?
 
Mira, vamos a hablar claro. Por una circunstancia muy desagradable en mi vida y mucho más inflada de lo que fue, pero –claro– de responsabilidad entera mía, yo estuve envuelto en un episodio de plagio con [el libro] Lima Bizarra. Simplemente por descuido, utilicé textos de otros colegas sin citarlos. Okay, se armó “la casa de putas”. Aunque te parezca mentira, una cosa así, que aparentemente está olvidada, sale cuando menos tiene que salir. Yo sé que voy a vivir con esa condena encima. Y sé, por ejemplo, que no voy a poder postular a un cargo universitario, porque el plagio es el peor delito en una universidad. Ningún jurado va a querer premiar a un "plagiario". En política me va a pasar lo mismo, me van a joder hasta que me muera. Eso yo lo sé. Por eso quiero en el tiempo que me resta de vida ubicar un espacio que no sea el del ejercicio político oficial para hacer política. Ese espacio puede ser el de unir a estos personajes del país, relacionarlos, que se conozcan, y que cualquiera pueda hablar con ellos para conocer, discrepar, todo eso...
 
Tú eres un hombre que ha simpatizado con la izquierda...
 
...He simpatizado con la izquierda porque eso es lo que tocaba a mi generación.
 
Ok, y dices que ahora has cambiado por todo lo que has visto en tus viajes, en la vida...
 
Mira, mi generación es una generación muy difícil por una razón que me dio una persona el otro día: Nosotros estamos fregados porque hemos nacido en un siglo y vamos a morir en otro (ríe). Me pareció brillante. Entonces, mi generación estaba llena de pajaritos en la cabeza, derivados de un pésimo marxismo, sindicalismos mal llevados, además muy influenciada por el cristianismo que hacía que pensáramos que los pobres, por el hecho de ser pobres, eran buenos. Pero Laura Bozzo ha sido quien más nos ha enseñado de política. Ella levantó el telón y nos mostró que somos gente de mierda, que lo que queremos es plata a cualquier precio, y que nos falta a gritos un contrapeso educativo e institucional  para volvernos personas, si no del todo decentes, por lo menos abstenidas.
 
Nos engañamos, entonces, cuando pensamos que el problema sólo está en nuestra clase dirigente.
 
Por favor, todos estamos... Yo me he quedado atracado el otro día en Barranco y era una cosa... Ese día yo me he bajado y me han gritado “apúrate, cojo huevón”. Por eso te digo que si tenemos la opción de hacer el bien o el mal, vas a hacer el mal. Si tienes la oportunidad, vas a decirme "cojo huevón" (ríe). Por supuesto que somos cómplices. Mira, si aplicas una encuesta realista sobre indicadores de pobreza en el Perú, estoy seguro de que va a salir que la gente se siente pobre si no tiene un smartphone, un dvd, un led. Hay un mundo al revés, donde las prioridades no están establecidas, porque  no hay liderazgos, porque no hay instituciones.
 
Y donde no sabemos convivir.
 
Ah, ese es un tema que me gusta, porque yo sí creo que allí hay matices. Yo soy norteño y adoro el norte, y coincido con Lucho Millones en que el Perú, digamos desde Trujillo hacia el norte, es mucho más mesoamericano que andino. Son culturas de barro, culturas más maleables, culturas de maíz, culturas de bosque, culturas de curanderismo y no de daño, y ahí sí encuentras una voluntad de convivencia natural con mucha buena leche, con solidaridad. O por lo menos de no hacer daño, que ya es bastante.
 
Por eso siempre regresas a Piura,  a Pacasmayo...
 
Cada vez me interesa más Lambayeque, a pesar de que Chiclayo está horroroso. Pero si tú subes por Ferreñafe a los bosques, a estos pueblos que están ahí, y llegas agotado caminando a la casa de una señora campesina que tiene su poyo de adobe, te va a sacar tu mantita tejida por ella misma y te va a decir “señor, descanse”. Y te va a traer un café de olleta con una cachanga. Yo ahí digo “caracho, todo es relativo”. Entonces, una vez más, hay que ver qué cosa está girando mal y qué cosa se está escapando bien. Esa es mi nueva manera de ver las cosas. Siento que hay una rueda horrible, contaminante, que no para, pero que todavía hay lucideces que se escapan de eso y que hay que tener la sutileza para descubrirlas.
 
Fuente: La República

lunes, 29 de diciembre de 2014

El Parque El Migrante "José María Arguedas" donde fué La Parada

Parque El Migrante "José María Arguedas" dejó atrás el recuerdo de La Parada

Unas 100,000 personas se beneficiarán con su construcción

Con la inauguración del Parque El Migrante "José María Arguedas" en La Victoria, quedaron atrás más de cuatro décadas de historia del desaparecido mercado mayorista de La Parada en ese popular distrito, cuyo rescate sanitario ocurrió en marzo de este año.

La alcaldesa metropolitana Susana Villarán, comentó durante la entrega del espacio público a los vecinos, que la decisión de recuperar las tres hectáreas y media sobre la que se levantó el mercado no fue sencilla pero que el objetivo de recuperarlo para el bienestar de la población de Lima lo hizo posible.

"Recuperamos un lugar donde no había verde, ni espacio para la cultura, deporte y actividad física. Transformar una ciudad cuesta, tomar decisiones no es popular pero es la tarea de un gobernante. Entregar resultados para la felicidad y armonía de la ciudad de Lima fue nuestro compromiso", manifestó Villarán durante la ceremonia.

Agregó que esta inmensa área verde beneficiará a un promedio de 100,000 personas y recordó que el rescate sanitario del ex mercado mayorista ocurrió el 14 de marzo y que en setiembre del 2012 la Municipalidad de Lima abrió la puertas del Mercado Santa Anita. Ambas medidas, dijo, han transformado la ciudad.

La alcaldesa aún en funciones expresó su confianza en que la nueva gestión edil continúe con las obras que faltan concluir en el parque El Migrante.

"Confío que el gobierno municipal entrante seguirá el espíritu del pueblo que reclamó aquí en el centro de La Victoria, orden, paz, cultura y deporte para que los niños no vivan en la calle ni a merced del delito sino que crezcan con valores y espíritu de sana competencia para que logren su proyecto de vida", manifestó.

En la ceremonia estuvieron presentes dirigentes vecinales del cerro San Cosme, el Pino, El Porvenir hasta comerciantes de Gamarra, como también como autoridades del club departamental Andahuaylas y familiares del extinto escritor José María Arguedas.

En esta primera parte de la obra la comuna limeña invirtió a través del Servicio de Parques de Lima (Serpar) S/. 13 millones.