jueves, 10 de febrero de 2011

El Congreso como negocio

EL CONGRESO COMO NEGOCIO

Escribe: Jaime Paredes Calla

La campaña electoral rumbo a la Presidencia de la República, el Congreso de la República y el Parlamento Andino, nos presenta nuevamente una versión donde la improvisación y “subasta” de ubicaciones en las listas parlamentarias no han estado al margen.

La refundación de la política –como secuencia de actos y conductas (individuales o colectivas) encadenadas, formas de organización y proceso de negociaciones- pasa por un proceso de construcción tanto de sólidas organizaciones políticas como de liderazgos individuales y colectivos portadores de un discurso pero también de un curso de acción previo que garanticen el sostén de las acciones de carácter público que emprendan las instituciones cuando ejerzan las funciones que les corresponden.

Uno de los principios de las democracias modernas es la representatividad, según el cual los diversos sectores de la población deben verse reflejados en la composición del parlamento en tanto expresión de la voluntad popular. Es en base a este principio que el Congreso de la República ha tenido entre sus integrantes a variopintos “padres –y madres- de la patria”, desde notables personalidades como Henry Pease y Javier Diez Canseco, hasta inefables personajes como Luis Cáceres Velásquez, Alfredo González –y un largo etcétera-, sin mencionar a quienes se prestaron a los designios del gobierno cleptocrático de Alberto Fujimori durante la década de los noventa.

El problema no es que muchos de los candidatos que ahora tientan por una curul para representarnos sean desconocidos, sino que no acrediten antecedentes en favor de una democracia más inclusiva o que no expongan trayectorias donde se hayan involucrado social o políticamente en proyectos que procuren mejorar el descrédito que existe hacia la política.

Existen candidaturas congresales que se han impuesto sobre otras por la única razón de contar con ingentes recursos económicos, muy apetecibles a los candidatos presidenciables para garantizarles el sostenimiento de una campaña electoral, aunque el desenlace ya es conocido: una vez que el candidato es electo congresista, se desentiende del programa y compromiso no solo con la organización política que lo eligió, sino también con su electorado (léase Álvaro Gutiérrez Cueva, Carlos Torres Caro, entre otros). Esta concepción de la política como negocio, liquida la posibilidad de contar con una buena representación congresal.

Sin embargo existen esperanzas, también hay candidatos y candidatas al Congreso de la República con un gran esfuerzo por asumir una labor de representación seria, con una trayectoria y antecedentes que, aunque no siempre de amplia difusión y conocimiento, sin duda avalan un futuro trabajo profesional y ético, tanto en la labor de legislar como en la de fiscalizar.

1 comentario:

Alex Choquemamani dijo...

Jaime:
Comparto plenamente con tu artículo, hay una improvisación y subasta en estas elecciones, al igual que las anteriores.
Un factor -a mi parecer- es la fragilidad de los partidos políticos en el Perú. Un caso palpable es el APRA, partido tradicional, ahora desgastado, sin pocas formulas políticas para salir adelante de una crisis que no se dio, recientemente, con la salida de Mercedez Araoz, la crisis se arrastra desde mucho antes, quizás desde la época de Don Víctor Raúl.
Antes de buscar soluciones al problema, primero, hay que diagnosticarlo, y tu artículo se centra en ello.

Saludos.