miércoles, 19 de diciembre de 2007

La centralista opinión pública

LA CENTRALISTA OPINIÓN PÚBLICA

Por: JAIME PAREDES CALLA

¿Por qué en ocasiones existen noticias y acontecimientos que logran repercutir en todo el Perú, mientras que otras no gozan de la misma cobertura?, porque hay medios de comunicación que hacen “eco” de dichas noticias y acontecimientos (sobre todo si se producen en Lima), y en la mayoría de los casos esos medios de comunicación tienen alcance nacional además de encontrarse ubicados en la Capital de la República, ¿verdad?.

Centrándonos en el lado negativo que genera la excesiva amplitud de algunos sucesos, podríamos inferir por ejemplo que, tratándose de aspectos mineros y ambientales, la “suerte” de Lima es que no cuenta con grandes inversiones mineras como en el caso de Tacna, Moquegua, Cajamarca, Ancash, Arequipa, etc., puesto que el problema de la contaminación ambiental por las consecuencias de esas operaciones extractivas, no es tan palpable como en el caso de los departamentos donde se ubican importantes unidades mineras siendo por lo tanto en donde se requiere mayor movilización de la opinión pública.

Lo cual equivale a decir también que la “desdicha” de los departamentos mineros es que no son la Capital de la República como para darles la debida importancia y lograr la atención de las máximas autoridades nacionales con el objeto que atiendan y resuelvan efectivamente los conflictos sociales suscitados por las operaciones mineras (más allá de las capacidades “bomberiles” del actual Presidente del Consejo de Ministros), sin que aquello signifique que no estemos considerando los ingentes recursos provenientes de las rentas del canon minero que beneficia a las localidades productoras en la misma medida que favorece al gobierno central (recordemos que el canon minero es la redistribución del impuesto a la renta que tributan las empresas mineras y que percibe el Estado peruano, el cual es destinado en proporciones iguales entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales).

En el subsistente centralismo se genera una influyente opinión pública, capaz de colocar la agenda pública a nivel nacional, para muestras, algunos botones: el atentado terrorista en la calle Tarata de Miraflores perpetrado por Sendero Luminoso en julio de 1992, determinó la mayor preocupación –digamos generalizada– de ciudadanos y ciudadanas que habitaban en Lima, cuando en el interior de nuestro país la sangre había llegado al río ya en la década del 80, incluso desde mucho antes, allí los medios de comunicación pudieron posicionar el tema de la violencia política interna de manera más efectiva desde antes del lamentable atentado en dicho distrito limeño.

Y el más reciente acontecimiento que generó una gran movilización –importante por cierto– fue el del terremoto de agosto último que se sintió de manera considerable en nuestra Capital de la República, lo cual determinó una gran cobertura y cadena de solidaridad a nivel nacional hacia nuestros conciudadanos que fueron azotados por este embate de la naturaleza. Sin embargo 6 años antes (en junio del 2001), la tierra en el sur de nuestro país también fue remecida, dejando también como saldo la pérdida de vidas humanas y cuantiosos daños materiales, la información mediática en esa ocasión en nuestro entender fue bastante limitada: la furia de la naturaleza no se había sentido en toda su magnitud en la ciudad de Lima.

No estamos criticando la importancia de generar efectivos medios de opinión pública que movilicen a nuestras autoridades y otros actores en la solución de una determinada problemática, sino más bien estamos haciendo una observación a la disparidad con que se suelen cubrir algunos acontecimientos por el simple hecho de generarse en el interior del país y no hacer sentir su impacto en la misma ciudad capital.

Acaso sea necesario insistir en la necesidad de contar con una televisión peruana (en realidad todo el conjunto de medios de comunicación) verdaderamente educativa y formadora de ciudadanos, que más allá del rating pondere adecuadamente la labor social que deben cumplir las empresas periodísticas.

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