lunes, 28 de marzo de 2016

Primera universidad en obtener Licencia Institucional de la SUNEDU

UTEC es la primera universidad en obtener Licencia Institucional de la SUNEDU

Con Resolución del Consejo Directivo  N° 015-2016-SUNEDU/CD, y de acuerdo a lo que establece la  Ley Universitaria, la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) recibió de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU), la Licencia  Institucional para ofrecer el servicio educativo superior universitario, que avala el cumplimiento de condiciones que aseguran una educación de calidad. Con ello, UTEC se constituye como la primera universidad del país en obtener el licenciamiento.

“Desde su creación, en UTEC nos propusimos liderar la transformación de la educación en el Perú con una oferta educativa de primer nivel, con las mejores condiciones de calidad académica en tecnología e ingeniería, con sistemas y metodologías de enseñanza de vanguardia que aseguren a nuestros profesionales una sólida formación y alto valor competitivo”, indicó Carlos Heeren, Director Ejecutivo de UTEC.

Como se sabe, el licenciamiento es un procedimiento obligatorio para verificar que las universidades del país contemplen todas las condiciones básicas de calidad para su funcionamiento. Para obtener la licencia se debe cumplir con indicadores que verifiquen infraestructura y equipamiento adecuado, docentes calificados, actividades de investigación para la creación de conocimiento y existencia de mecanismo de medición e inserción laboral, aspectos cubiertos y superados en gran medida por UTEC.

"El licenciamiento tiene como meta elevar gradualmente la calidad en la educación que brindan las universidades. La universidad que queremos es una que investiga, innova y le permite a sus estudiantes insertarse en el mercado para ser agentes activos en el desarrollo del Perú. Saludamos a UTEC por ser la primera universidad en lograrlo", comentó Lorena Masías, Superintendente de la SUNEDU.

Cabe señalar que todas las universidades del país están obligadas a pasar por el proceso de licenciamiento, cuyo plazo máximo vence el 31 de diciembre del 2017; al respecto, vale hacer notar que la SUNEDU dispuso un cronograma para el inicio del proceso de licenciamiento según el cual a UTEC le correspondía presentarse en marzo de 2017; sin embargo, en el marco de lo que también permite la norma, UTEC decidió presentarse voluntariamente en diciembre de 2015. Con ello, la universidad demuestra su compromiso por garantizar a los alumnos una educación sólida y de calidad; a los padres de familia, una adecuada inversión en la educación de sus hijos y, a los futuros egresados, amplias oportunidades laborales.

“Ser la primera universidad en haber obtenido el licenciamiento de SUNEDU nos llena de satisfacción y nos reta a seguir mejorando por la excelencia académica de nuestros alumnos, quienes ya gozan de los beneficios de convenios con universidad como Harvard, Perdue, MIT, entre otras. Asimismo, quienes estudian en uno de los campus considerados como los más modernos de Latinoamérica, gracias a su infraestructura como a su tecnología de avanzada”, finalizó Heeren.

Vale recalcar que con el licenciamiento, UTEC contará con una oferta académica basada en 18 programas académicos, entre pregado y postgrado, todos ellos con base en ingeniería y tecnología.

UTEC obtuvo la licencia al sustentar con documentación y con revisión presencial la existencia de planes de estudio correspondientes a los títulos que otorga; una oferta educativa en relación a los planes de desarrollo de la región; una moderna infraestructura y equipamiento de primer nivel en su campus universitario, mismo que cuenta con modernas aulas, más de 30 laboratorios y talleres, un gran comedor, un auditorio-teatro, salas de cómputo y áreas de recreación. Asimismo, presentó a sus docentes altamente calificados, quienes en su mayoría se encuentran dedicados a la investigación y que destacan en distintos sectores de la ingeniería actual. Del mismo modo, demostró contar con actividades de investigación para la solución de problemas reales, servicios complementarios a los académicos, canales de información trasparente y accesible, etc. “Uno de los aspectos internos más valiosos que nos ha dejado el proceso de licenciamiento es la autoevaluación, que es un elemento fundamental para continuar con el fortalecimiento de nuestro  plan de mejora continua de la calidad educativa”, mencionó Angélica Coronel, Secretaria General de la Universidad, quien estuvo a cargo de este proceso.


lunes, 14 de marzo de 2016

Legitimidad de elecciones en Perú 2016

La pasta dental se salió del tubo

Escribe: Carlos Basombrío

Como era previsible, luego del súbito cambio de opinión del Jurado Especial de Lima sobre la candidatura de Guzmán, que en primera instancia había ido en contra de la decisión previa del Jurado Nacional de Elecciones, este último decidió sacar de contienda al partido de la ola morada.

Ha sido el más reciente de los capítulos de un desastre anunciado, que pone en tela de juicio la credibilidad de las elecciones peruanas. Y, ojo, no estoy diciendo que esto haya ocurrido porque salió Guzmán y no estoy mencionando la palabra fraude. El desastre habría sido el mismo, pero con otros actores como protagonistas de la denuncia, de haber sido opuesto el resultado; es decir, si se quedaba Guzmán.

A lo largo de los años, mientras la economía crecía como la espuma, los peruanos, en su inmensa mayoría, sabían que este sistema político no daba más; que el desprecio a la clase política y a sus instituciones era mayúsculo y que algo tenía que cambiar urgentemente para que pudiese durar.

Los actores económicos, embelesados por un crecimiento de locura, que se asemejaba al producido por el amor entre Petra Cotes y Aureliano Segundo, donde todo se reproducía a velocidades de vértigo, sabían del problema, pero miraron al costado. Los partidos políticos siguieron ocupándose de sus pequeñas preocupaciones (la mayoría de las veces, creando grandes dolores de cabeza y mayor descrédito) y miraron al costado de todos los reclamos por reformar el sistema político.

No es que per se la reforma podía cambiar la dirección 180°, pero al menos podía haber ayudado a contener al monstruo y, quizás, hasta empezar un círculo virtuoso en estas elecciones. La propuesta de las tres instituciones electorales no abordaba aspectos realmente de fondo, pero sí muchos de procedimiento que hacían más sensata la lógica del proceso electoral y de la vida de los partidos. Ayudaba algo a mejorar la democracia interna, hacía más potentes los controles sobre penetración del dinero criminal en la política, hacía más inteligentes los procesos y razonables los plazos, etc.

Con soberbia digna de mejores protagonistas, los congresistas, reclamando la majestad del Parlamento, se negaron a discutir estas reformas reclamando autonomía y, muy a disgusto, aceptaron hacer unos cambios tardíos que, en la mayoría de los casos, enredaron más los procesos. Ollanta Humala no quiso estar ausente en el desastre y demoró lo más posible la aprobación de la Ley de Partidos Políticos, lo que creó, incluso, incertidumbre sobre qué ley debía regir el proceso. Y, al final, los propios jurados electorales, con razonamientos alambicados, ambiguos, tardíos y contradictorios, terminaron de generar este ambiente en el cual la palabra ‘fraude’ es creíble para muchos.

Los que hoy claman fraude recurren al argumento de la primacía constitucional y el derecho a la participación política que impide sacar de contienda a un candidato contra la voluntad de muchos electores. Unos pocos lo hacen inspirados por principios y la gran mayoría por conveniencia. Guzmán había crecido a tal punto de colocarse segundo y, en al menos dos encuestas, parecía que podía derrotar a Keiko Fujimori en segunda vuelta. Cualquier argumento jurídico era bueno para sostener aquello que se deseaba políticamente.

Al otro lado ocurría exactamente lo mismo: hay que respetar las leyes hasta al milímetro o te vas. Por qué van a exigir a unos partidos lo que no se les exige a otros. Si quieren participar, tienen que estar preparados y demostrar su capacidad institucional. La ley está por encima de cualquier consideración. Unos pocos bienintencionados lo dijeron por convicciones. La gran mayoría lo usó como disfraz de su objetivo de bajarse a alguien que, al subir, había taponeado la posibilidad de 10 otros que querían ocupar su lugar.

Como ganó la segunda tesis, son los segundos los que están incendiando la pradera. El problema es que ya la hierba está seca desde hace mucho tiempo y es fácil hacerlo. La figura que más me ha gustado para graficar este problema se la debo a Patricia del Río, que en una entrevista de TV la usó y desde ahí me la he apropiado. Pasara lo que pasara con la decisión sobre Guzmán, dados el momento político en que ocurrió y los intereses que la rodeaban, ya la pasta se había salido del tubo. Nada podrá hacer que regrese a su lugar, el daño está ya hecho.

Agregaría que, por las razones expresadas al inicio, ya quedaba poca pasta de dientes en el tubo de la legitimidad de la vida política peruana. El descrédito del sistema político, ya antes de todo esto, llegaba a niveles inusitados.

Pero lo peor no ha terminado. Hoy muchos saltan sobre el tubo reclamando fraude y tratando de expulsar lo poco de dentífrico que queda. Son quienes han convertido el que no salga elegida Keiko en el único punto de su agenda política. (En un ejercicio de transparencia para beneficio de los lectores, para que sepan desde dónde opino, yo también pienso que, por muchas razones, sería una desgracia para el Perú que la hija de Alberto Fujimori nos llegara a gobernar, pero a la vez siento que debemos conseguirlo sin terminar de tirar abajo lo poco que queda de la esperanza de lograr una institucionalidad democrática en los próximos años).

El problema muy pronto se autonomizará de Guzmán, que solo es el vehículo del descontento y de los opuestos intereses en juego. Es un personaje efímero que creyó que su subida en las encuestas era por sus grandes talentos, no dándose cuenta de que simplemente era la expresión momentánea de la búsqueda de lo nuevo. Guzmán ya importa poco e importará menos en las siguientes semanas.

En la teoría del fraude, hay un complot de Alan García por sacar a los rivales para ser él quien termina enfrentándose con Keiko. En otra versión, es directamente el complot de Keiko Fujimori para asegurarse el triunfo. Por supuesto está también la versión que une en esto a Alan, Fujimori y Montesinos. Hay, incluso, los que sostienen que es un complot de Nadine para que todo se deslegitime y, de alguna manera, ello los beneficie. Estoy seguro de que entre nuestros lectores habrá más teorías o variantes de ellas, pero todas coinciden en que se puede mover como títeres a los miembros del Jurado para fines torvos. No me la juego por la defensa del Jurado Nacional de Elecciones, hay personajes oscuros entre ellos, pero creo que se requiere algo más que sospechas para asegurar algo tan grave y tan definitivo.

Y se vienen nuevos tests que pondrán a prueba a jurados ya totalmente desacreditados. Vladimiro Huaroc, Kenji y Keiko Fujimori están investigados por donaciones ilegales en campaña electoral. Muchos otros fujimoristas, en distintas regiones del país, han sido fotografiados haciendo lo mismo, dando cuenta de que en este caso se aplica aquello de la gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.

El caso de Huaroc es incluso más evidente que el del inefable Acuña. Ni siquiera el oficialismo fujimorista lo defiende. Me inclino a pensar que la filtración del video viene de dentro, de los fujimoristas ortodoxos que no aceptan a este tránsfuga en sus filas. Pero los casos de Keiko y Kenji son también bastante serios.

El problema es que el Jurado Nacional de Elecciones, al haber decidido que la aplicación de la ley debe ser milimétrica, ha creado una papa caliente imposible de manejar. ¿Cabe la posibilidad de que saquen a la plancha fujimorista de carrera? Sería un terremoto que, al sumarse a lo ya ocurrido, pondría fin al mero concepto de elegir.

¿Qué pasa si los deja? Pues se reforzará al extremo la percepción de que se aplica la ley del embudo o, como ha dicho Guzmán, el “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”. Es decir, sea cual fuese la decisión, se viene otra chorreada del tubo dentífrico que contenía la legitimidad del resultado, cuando en este ya casi no quedaba nada. Esta complicada encrucijada va a marcar los próximos diez días: o sea, los electores llegaremos al 10 de abril con un ánimo perturbado, sea cual fuere la decisión que se tome.

¿Qué puede hacer el periodismo en una situación así? Bueno, una parte de la prensa ya tomó la decisión de ser parte de alguno de los dos polos enfrentados. Pero estoy refiriéndome a los que, y hay varios medios en ello, tratan de hacer periodismo serio, en medio de esta pelea de pulpos, donde no hay ganadores.

Recordemos que, para complicar las cosas, los candidatos chicos decidieron deslegitimar las encuestas y a los diarios que las publicaban para tratar de explicar por qué les va tan mal hasta ahora. En el más leve de los casos, diciendo que se equivocan o que los perjudican a ellos, pero los que tienen mayor desparpajo acusan de fraude a las encuestadoras y, de refilón, a los diarios en que se publican. Es decir, meten mucho más gasolina al fuego del incendio de la desconfianza en todo y en todos.

Lo que ha sucedido con Perú21 es paradigmático. El día que publicó la encuesta en la que Guzmán salía con 18% coincidió con la discusión en el Jurado Nacional de Elecciones sobre si Guzmán se quedaba o se iba. Se explicó, pero sin convencer a muchos, que el diario estaba publicando lo que había encontrado y no tenía segundas intenciones. Que se enteró de esa subida al ver la encuesta y decidió mantener la fecha de publicación, prevista con muchas semanas de anticipación, independientemente del efecto político que tuviera. Que optaba por hacer periodismo y no política.

Pocos quisieron escuchar y se acusó a Datum de falsear los datos señalando que era imposible que Guzmán tuviera ese porcentaje y que Perú21 era parte de una conspiración para evitar que lo saquen del proceso. Se habló incluso de millones en juego para que eso ocurriera. Por supuesto, ninguno se desdijo cuando todas las demás encuestadoras encontraron lo mismo en los días siguientes. Peor aún, ahora se acusa al diario de lo opuesto, a saber, ser parte de la “conspiración de los medios concentrados para sacar a Guzmán” de campaña.

¿Es posible revertir esta situación de incredulidad generalizada que arrastra a los medios, incluido Perú21? Creo que es imposible. Es tal el clima existente de desconfianza, apasionamiento, intereses en pugna e incluso mentiras descaradas, que se haga lo que se haga, las percepciones no van a ser alteradas en lo sustantivo.

¿Qué queda? Perseverar y ratificarse en los compromisos de pluralidad e independencia en la cobertura de las elecciones. Hacerlo, aun cuando muchos de sus lectores quisieran lo contario, que más bien el diario se alinee en uno de los dos lados en pugna. Hay que seguir tratando de hacer periodismo y no política a favor o en contra de alguna candidatura. Separar la línea informativa de la línea editorial. Publicar todas las informaciones relevantes, sin importar a quién beneficien o perjudiquen políticamente.

Sé que muy pocos lo van a reconocer ahora. Quizá algunos más luego de que pasen las elecciones. Pero igual es una obligación de Perú21 hacerlo y, por mi parte, sigo con el encargo de tomar todas las denuncias que me lleguen por incumplimientos a esta política.

P.S.
Cumplo un año como defensor de lector. Vaya coyuntura en la que me ha tocado ejercer la función. Pero aquí seguimos…

Fuente: Perú21