sábado, 30 de julio de 2011

Principios de la Constitución de 1979 en juramentación de Ollanta Humala

Juro (…), honrando el espíritu y los principios de la Constitución de 1979

Escribe: Omar J. Candia Aguilar

La juramentación del presidente electo ha generado algunas reacciones furibundas e interpretaciones arbitrarias, que más allá de tener un fundamento constitucional, se cimienta en la subjetividad de una oposición ideológica que obnubilada las facultades de pensamiento y los aleja del análisis objetivo de la carta fundamental.

La Constitución de 1993, ha estipulado en el artículo 116 que “el Presidente de la República presta juramento de ley y asume el cargo, ante el Congreso, el 28 de julio del año en que se realiza la elección”. Los antecedentes de esta norma constitucional los encontramos en la Constitución Norteamericana de 1787, la misma que enarbola una tradición presidencialista, y en la cual no sólo señala la obligación del presidente electo de juramentar, sino también la formula para hacerlo (artículo II, sección 1).

En el constitucionalismo peruano, las constituciones de 1823 y 1826 no habían previsto la obligación de la juramentación del presidente, menos aún la formula para hacerlo. Sin embargo, es con la Constitución de 1828, la que en su artículo 87 establece que “el Presidente y Vicepresidente para ejercer su cargo, se presentarán al Congreso a prestar el juramento siguiente: Yo, N juro por Dios y estos Santo Evangelios que ejerceré fielmente el cargo de Presidente (o Vicepresidente) que me ha confiado la República: que protegeré la Religión del Estado, conservaré la integridad e Independencia de la Nación, y guardaré y haré guardar exactamente su Constitución y leyes”.

La Constitución de 1993 ha previsto la obligación de jurar, más no una fórmula, como si la considero la Constitución de 1828. Del mismo modo, si uno revisa el Reglamento del Congreso de la República, establece en el artículo 11, quinto párrafo que “el 28 de julio se realiza la ceremonia de asunción del cargo de Presidente de la República. En ella, el Presidente del Congreso toma juramento al Presidente de la República electo y le impone la banda presidencial. Luego el Congreso escucha el mensaje del Presidente de la República. No hay debate ni pueden hacer uso de la palabra los Congresistas”. Es decir, esta norma de desarrollo constitucional y que cuenta con rango de ley, tampoco ha previsto una fórmula de juramentación.

Conforme a lo expuesto, podemos colegir, que al no existir una fórmula para la juramentación, el presidente electo cumple con el mandato constitucional al prestar juramento ante el Congreso, siendo de libre albedrío el contenido y la fórmula que éste utilice. Por ello, la juramentación realizada por el Presidente electo es totalmente arreglada a la Constitución. Respecto, al honramiento del espíritu y los principios de la Constitución de 1979, considero que nadie que tenga una vocación democrática y de defensa a los derechos humanos podría cuestionarla, sólo vasta revisar el preámbulo y en general la parte dogmática de la referida constitución para llegar a entender su profundo sentir humanista.

Fuente: Perspectivas Jurídico-Políticas

martes, 26 de julio de 2011

Patricia Salas O'Brien, nombrada Ministra de Educación

Patricia Salas O'Brien, investigadora y docente de la UARM es nombrada Ministra de Educación

Primer Gabinete Ministerial del electo presidente Ollanta Humala

Se desempeña como investigadora en el Instituto de Investigación y Políticas Educativas y es docente de la UARM. Socióloga de profesión, con vasta experiencia en temas de educación y desarrollo social. Fue presidenta del Consejo Nacional de Educación.

Patricia Salas O'Brien, fue nombrada el día de ayer Ministra de Educación, pasando a formar parte del primer Gabinete Ministerial del presidente Ollanta Humala.

Patricia Salas es Socióloga, Magister en Estrategias de Desarrollo y Políticas Sociales de la Universidad Nacional de San Agustín. También cursó y concluyó un Doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Católica de Santa Maria. Fue presidenta del Consejo Nacional de Educación entre los años 2005 y 2008 y durante su gestión se presentó el Proyecto Educativo Nacional al 2021.

En las primeras horas del día, nuestro Rector, Juan Carlos Morante, S.J. a través de un comunicado institucional felicitó a la nueva ministra y resaltó la importancia de su nombramiento en el sector educación, que necesita fortalecer y mejorar las reformas que se han venido implementando y que sin duda es un factor vital para la promoción del desarrollo sostenible.

A la fecha se desempeña como docente principal e investigadora del Instituto de Investigación y Políticas Educativas de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, que tiene como meta vincularse creativamente a los procesos sociales y de manera prioritaria en la educación.

La Comunidad Universitaria de la UARM felicita a Patricia Salas por su nombramiento y le hacemos llegar nuestros mejores deseos para la nueva gran responsabilidad que tiene en sus manos.

Fuente: Universidad Antonio Ruiz de Montoya

jueves, 21 de julio de 2011

Ciudadanos por el Cambio: ¿Ilusión o realidad?

Ciudadanos por el Cambio: ¿Ilusión o realidad?

Escribe: Carlos León Moya

El último domingo, La República publicó una semblanza sobre Ciudadanos por el Cambio llamada Los cuadros del Presidente. El artículo sin embargo se limitó a hacer un inventario de declaraciones recientemente recogidas de actores políticos relevantes al interior de GANA Perú, y deslizó a mi juicio impresiones erradas sobre lo que en realidad seria el peso político de este grupo. Con la escasa información que tengo a la mano, busco en este artículo matizar al artículo mencionado y dar algunas impresiones sobre lo que creo podría ocurrir en adelante.

1. Importantes sí, fundamentales no.

La impresión que deja el artículo es que Ciudadanos por el Cambio (en adelante CxC) es un cuerpo de suma importancia, una élite con un poder propio importante. “Proveyó los expertos (…) que elaboraron el Plan de Gobierno”, “abastecieron de discurso a Ollanta Humala”, sus reuniones de trabajo son “fundamentales para el futuro del gobierno”, sus debates internos son “decisivos para el futuro del Partido Nacionalista”, etcétera.

Que CxC proveyó los técnicos iniciales es de común conocimiento. Sin embargo, cabe preguntarse qué tanto importa eso ahora que estamos en la Hégira de la Hoja de Ruta y seremos seguramente gobernados por el “califa” Miguel Castilla (No te preocupes, Félix: en nuestros corazones siempre serás el mejor Ministro) Además, ¿desde cuándo una reunión entre un grupo de técnicos e intelectuales con una orientación ideológica que no es la del gobierno –nos guste o no- es decisiva para un gobierno? Además, en la Comisión de Transferencia hay gran cantidad de técnicos e intelectuales, y los CxC, descontando a Salomón Lerner, no son precisamente quienes conducen.

CxC no tiene un camino de rosas. Por una parte, tienen resistencias fuertes al interior del nacionalismo, como lo demuestran las declaraciones recogidas en el artículo dominguero. Por otra, no tienen una militancia detrás que les sirva de sustento en las posibles pugnas futuras. No solo muchos de los miembros de CxC no son del PNP, sino que para varios su único respaldo es su lista de publicaciones. Finalmente, tanto en Gana Perú/PNP como en el gobierno quien tiene la última palabra sin un contrapeso efectivo es Ollanta Humala. Si Humala quiere irse un poco más al centro, a los miembros CxC les quedará continuar como el ala izquierda de un gobierno amplio pero con un mando personalizado. Por todo ello, mi impresión es que CxC no es el cuerpo por excelencia de técnicos de Humala ni del próximo gobierno. Importantes sí, pero no fundamentales.

2. El discurso ¿CxC o FX?

Conocidos miembros de CxC como Nicolás Lynch, Alberto Adrianzén, Manuel Dammert y Sinesio López, sostuvieron con claridad en sus escritos del 2010 e inicios del 2011 importantes puntos programáticos sobre qué hacer en el país. Destacan centralmente la necesidad de romper con el modelo económico -de hecho, Lynch la llamaba “la humillación neoliberal”-, la bandera del cambio de Constitución –la conocida tesis del “momento constituyente”- y la recuperación de la soberanía sobre nuestros recursos naturales –al cual Manuel Dammert dedicó varios artículos.

Viajemos a enero del 2010. El Manifiesto de bautizo de CxC, ¡Por la gran transformación del Perú!, es aún más explícito: evitar “continuar con la imposición neoliberal” con “un cambio radical en la economía” que implique “un camino distinto que supere la herencia colonial de la república criolla”; “una Nueva Constitución que exprese la voluntad popular y ponga fin al veto del gran capital”; y cambiar el “modelo primario exportador neoliberal” por uno que “recupere el control nacional de los recursos naturales”.

Volvamos a julio del 2011. Ahora explíquenme cómo se sostiene que CxC le dio el “discurso” a Humala. Es cierto, CxC tuvo un aporte en temas programáticos y hasta discursivos muy importante, pero al final el discurso que se impuso, con las consecuencias políticas que esto tendrá en el nuevo gobierno, no fue el que la mayoría de ellos hubiese preferido.

Alrededor de enero hubo una fuerte tensión al interior de Gana Perú. El motivo: el estancamiento de Humala en las encuestas. En sus propias palabras, “a pesar de que las encuestas nos ponían en 8% y de que un sector dentro del partido señalaba que nos estábamos saliendo del mensaje del 2006, que nos estábamos pegando al centro, yo seguí. Teníamos un sector que planteaba radicalizar el discurso, pero nosotros mantuvimos el timón firme en la tormenta. El resultado de la primera vuelta fue un voto de confianza del pueblo”. Quienes pensaban que se debía persistir en la estrategia eran principalmente los asesores brasileros. Adivine quiénes creían que debía radicalizar el discurso.

“Yo pensaba que Humala debía radicalizarse” me dijo Sinesio López hace poco, caminando a través del pasto de la PUCP. Le dije que yo también, y que me equivoqué. “Todos nos equivocamos” me responde, “menos los brasileros”.

El discurso de Humala durante la campaña estuvo orientado a capturar el mayor espectro posible de receptores en el electorado, componente principal de su sofisticada estrategia de marketing político. Y los responsables de ello no fueron nuestros compatriotas sino FX Comunicaçoes de Sao Paulo, la empresa de Luis Favre y Valdemir Garreta. Chega de saudade.

3. El líder, el partido y el gobierno. ¿Uruguay o Ecuador?

El artículo cita a Carlos Tapia y sus deseos sobre Gana Perú. Él considera que GP debe ser “una alianza de gobierno en la que el nacionalismo tenga su lugar junto con la tecnocracia izquierdista (aunque independiente), los partidos de izquierda y los movimientos regionales”. “Una formación al estilo del Frente Amplio de Uruguay” habría dicho.

Sin embargo, esto tiene dos grandes problemas. El primero es en la práctica Gana Perú es una ilusión, una sombra, una ficción. No tiene comités establecidos a nivel local, no tiene un órgano deliberativo, menos aún un órgano ejecutivo. A nivel distrital existen más de un GP, muchos enfrentados entre sí y que no se reconocen mutuamente. En las regiones la situación no es distinta. Esto lo sabe bien Cayo Galindo: “si Gana Perú fuese una agrupación distinta tendría una estructura propia, y eso no existe”.

Alberto Adrianzén afirma que Gana Perú “es una organización más amplia que el PNP”, y es cierto: en él están muchas personas que no estarían en el PNP. Sin embargo, legalmente Gana Perú es el Partido Nacionalista que cambió su nombre para las elecciones. Aquellas organizaciones que firmaron un acuerdo político con el PNP para formar GANA Perú quieren que la alianza continúe, pero esto dependerá en buena medida de los propios conflictos internos del PNP y de, nuevamente, Ollanta Humala.

En segundo lugar está el eterno tema del peso de Ollanta Humala al interior de su organización, y cómo funciona realmente esta. Conversando con Steven Levitsky sobre la moderación de Humala, me dijo que lo rápido y contundente de su viraje al centro es un indicador de lo personalista que es su organización. Comentó que, según un alto mando fujimorista con el que conversó, la moderación de Keiko fue lenta y difícil, precisamente por las enormes dificultades y presiones que esto generaba al interior del fujimorismo.

De hecho, al PT brasilero le tomó más de una década lograr variar su discurso inicial anti-establishment por uno convocante y abierto que les permitiera capturar a ese electorado que lo miraba con desconfianza. Al Partido Nacionalista le tomó muchísimo menos tiempo, y como dije líneas arriba no tiene contrapesos efectivos en su interior. Por ejemplo, desde enero de este año su Comisión Política anda desactivada, no sin antes dejar las tareas políticas a la Comisión de Campaña, en la cual la última palabra la tiene el candidato.

Todo hace indicar que el PNP se maneja más por círculos de confianza que por una estructura organizativa institucionalizada. Quien está más cerca del líder es el que tiene mayor influencia, y por ende más poder. Imaginarse al PNP sin Ollanta Humala es tan difícil como imaginar a Perú Posible sin Alejandro Toledo: una característica que comparten los partidos peruanos más allá de su tendencia ideológica.

Un proceso con este nivel de personalización no se parece tanto al uruguayo o brasilero. Liderazgos fuertes con organizaciones políticas construidas alrededor de su figura, y en donde el rumbo que el Presidente de al gobierno suele no ser puesto en cuestión de manera efectiva por su organización es más el caso venezolano o ecuatoriano. Las características del PNP y Humala hacen más probable el segundo camino, no así el primero (aunque nos guste)

Epílogo ¿Y ahora?

Releo el artículo y la sensación que me deja es que quizá sea errado seguir hablando de CxC como un grupo. Yo lo he hecho por facilidad y en serio no sé qué nivel de coordinación tengan, ni qué tan válido sea. Es decir, que sus miembros se reconozcan bajo un rótulo común no es suficiente argumento para analizarlos como grupo. Sus acciones individuales pueden ser ausentes de coordinación, los intereses, objetivos y estrategias de sus miembros pueden ser no solo distintos sino contrapuestos, etcétera. Durante el 2010 era más o menos fácil distinguir el hilo común: ser el cuerpo técnico de Humala, darle soporte programático e ideológico al nacionalismo y construir el Plan de Gobierno. Ahora, ¿cuál será?

Fuente: Noticias SER

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Un mundo sin partidos políticos?

¿Un mundo sin partidos?

Escribe: Otto Granados

En todas partes la gente suele vomitarse en los partidos políticos. No solo a nadie le importa lo que hacen sino que realmente detestan a sus líderes y los encuentran responsables del desencanto democrático, el estancamiento de los países, las malas políticas públicas, la economía parasitaria, y, en fin, todos los males que nos invaden.

¿Es esta una imagen razonablemente justa de esas organizaciones? Sí y no.

Hace unos seis años, Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente brasileño, pronosticó que las perspectivas de los partidos “en las grandes democracias de hoy no son halagüeñas. Es más, es posible que esas poderosas máquinas políticas desaparezcan pronto”. La sentencia, aunque explicable, no parece, sin embargo, que se vaya a ejecutar tan pronto como algunos piensan.

Por un lado, es claro que los partidos tradicionales ya no sirven para mucho. Al menos como bandera, las grandes divisiones ideológicas no existen más y están siendo reemplazadas por identidades y causas. Hoy es mucho más fácil acomodarse en formaciones que representen grupos étnicos, orientación sexual, hábitos de consumo o posiciones antiinmigrantes que en aquéllas que propongan lemas extraños como políticas socialdemócratas o de centro derecha.

Por ejemplo, las razones que llevaron al triunfo de Evo Morales en Bolivia fueron esencialmente de identificación étnica, y en las últimas elecciones parlamentarias en Holanda 180 mil personas votaron por un sui géneris Partido por los Animales, que hoy tiene tres legisladores y cuya única agenda es la defensa de los derechos de los animales.

Por otro lado, los partidos, como vehículos de intermediación, son ya obsoletos en un mundo donde las organizaciones ciudadanas, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, y las redes sociales los han sustituido en la práctica. Cada año hay casi 4 millones de nuevos usuarios de internet en México y quizá en cinco años el 75% de los mexicanos estará conectado habitualmente. Ese mexicano ¿para qué necesita exactamente a un partido político?

En ese sentido, los partidos son ciertamente prescindibles.

Sin embargo, toda la arquitectura jurídica, política e institucional está construida en torno a las rigideces de un sistema de partidos sin el cual no se puede competir electoralmente, ni se puede recibir financiamiento público o acceso a los medios, ni se puede tramitar el proceso legislativo, entre otras cosas.

En los hechos, esto ha llevado al establecimiento de vínculos un tanto opacos entre grupos de presión empresarial, profesional y otros y los partidos con representación legislativa para la protección de sus intereses particulares, y, por consecuencia, a prácticas en donde no es inusual el intercambio de votos en el congreso a cambio de favores económicos o de otro tipo.

Este es el marco que, al menos por ahora, hace inevitables a los partidos, aunque hace también evidente que los mecanismos de fiscalización de la autoridad electoral se han quedado muy atrás y que son indispensables nuevas formas de escrutinio social tanto de los propios partidos como del congreso que limpien un poco un ambiente tan lamentable.

Fuente: La Razón

lunes, 18 de julio de 2011

El desafío digital: Corea del Sur y América Latina

El desafío digital

Escribe: Andrés Oppenheimer 18/07/2011

Corea del Sur sustituirá los libros en las escuelas por tabletas electrónicas

El anuncio realizado por Corea del Sur de que para el 2014 abolirá los libros de papel en las escuelas para reemplazarlos por tabletas electrónicas debería hacer sonar alarmas en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica: muchos de nuestros niños podrían quedarse aún más atrás de los surcoreanos y los de otros países asiáticos.

Según un estudio de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), Corea del Sur ya es el líder a nivel mundial en el que los estudiantes de 15 años usan más computadoras conectadas a Internet en las escuelas.

Tal vez no sea casual que Corea del Sur sea uno de los países que obtiene mejores resultados en los exámenes estudiantiles internacionales. En el último examen mundial PISA de estudiantes de 15 años en comprensión de lectura, Corea del Sur salió segundo, después de la ciudad de Shanghái (China), que ocupó el primer puesto. Estados Unidos ocupó el puesto 17, España el 33, y el país latinoamericano que ocupó el lugar más alto, Chile, fue el 44. Ahora, la brecha de aprendizaje entre los estudiantes surcoreanos y los de la mayoría de los países occidentales podría ampliarse aún más.

El gobierno surcoreano acaba de anunciar que invertirá 2.000 millones de dólares en los próximos dos años para darles a todos los niños de la escuela primaria tabletas gratuitas conectadas a Internet. Reemplazará los contenidos de los libros de texto por contenidos digitales multimedia. El plan se extenderá a todos los estudiantes secundarios en el 2015.

En las Américas, solo un país, Uruguay, tiene una computadora por niño en todas las escuelas primarias públicas. Aunque Uruguay es pionero en todo el mundo en este aspecto, no todas sus computadoras escolares están conectadas a la Red. En las escuelas secundarias, hay cinco estudiantes por computadora en EE UU, siete en Corea del Sur, 11 en México, 17 en Perú, 20 en Chile, 25 en Uruguay, 25 en Argentina y 33 en Brasil, según un reciente informe de la OCDE.

Pero, según me dice Eugenio Severin, un especialista en educación digital del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo más importante del plan surcoreano es que las tabletas escolares emplearán exclusivamente programas de aprendizaje en línea hechos a medida. "Esto significa que ya no gastarán más dinero en papel, impresión y distribución", dijo. "Usarán tecnologías multimedia que hacen el aprendizaje más divertido y más eficaz".

Hay preguntas legítimas sobre si la educación digital será una píldora mágica: puede argumentarse que los niños surcoreanos tienen mejores resultados en los exámenes estandarizados internacionales porque estudian más, no porque usen ordenadores.

Casi todos los niños surcoreanos pasan 12 horas diarias, o más, estudiando en la escuela y en el hogar, y su año escolar tiene 216 días, comparado con los 180 días que dura en Estados Unidos, y menos en la mayoría de los países latinoamericanos. Durante una reciente visita a Honduras, me horrorizó enterarme de que el año escolar allí dura unos 140 días anuales, o menos.

Severin me dijo que su estudio confirma que, pese a los problemas debidos a la carencia de apoyo técnico y de entrenamiento para los docentes, las computadoras son una gran ayuda en las escuelas. Tienden a mejorar los estándares académicos, y disminuyen la brecha digital entre los chicos de hogares acomodados y los de hogares pobres, explicó. "Los logros de Corea del Sur son el resultado de 20 años de inversión en educación y en tecnología para la educación", agregó Severin.

Muchos países latinoamericanos, encabezados por Uruguay, han empezado a darles computadoras a sus estudiantes. Pero en algunos casos se trata simplemente del regalo de una máquina. Ayuda a los gobiernos a ganar las elecciones, pero no necesariamente mejora los estándares educativos si no se acompaña de un buen entrenamiento docente y de programas de soporte técnico.

La clave del progreso educativo en Latinoamérica es la continuidad: asegurarse de que cada nuevo Gobierno no deshaga lo que heredó del anterior. Los países podrían intentar que sus partidos firmen pactos nacionales para seguir planes educativos a largo plazo. O podrían crear grandes organizaciones civiles -apoyadas por grandes empresarios, como en Brasil- para presionar a los Gobiernos a cumplir objetivos educativos de largo plazo.

Los países exitosos hacen planes educativos a largo plazo, porque saben que la educación es una inversión que rinde fruto a 15 o 20 años. Corea del Sur hizo precisamente eso, y funcionó.

Fuente: El País

Choque de clases, nuevos conflictos venideros

Choque de clases

Escribe: Moisés Naím

La principal fuente de los conflictos venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las expectativas frustradas de las clases medias, que declinan en los países ricos y crecen en los países pobres.

La teoría del "choque de civilizaciones", popularizada por Samuel Huntington, mantiene que, una vez agotado el enfrentamiento ideológico entre comunismo y capitalismo, los principales conflictos internacionales surgirán entre países con diferentes identidades culturales y religiosas. "El choque de civilizaciones dominará la política global. Las fallas tectónicas que dividen las civilizaciones definirán los frentes de batalla del futuro", escribió en 1993. Para muchos, los ataques de Al Qaeda y las guerras en Afganistán e Irak confirmaron esta visión. Pero en realidad, lo que ha ocurrido es que los conflictos se han dado más dentro de las civilizaciones que entre ellas. Los piadosos terroristas islámicos han asesinado más musulmanes inocentes que nadie. Y las pugnas entre chiíes y suníes siguen produciendo víctimas, la mayoría musulmanas.

En mi opinión, una fuente mucho más importante de conflictos que los choques entre culturas o religiones serán los cambios en los ingresos de las clases medias en los países ricos -donde están declinando- y en los países pobres -donde están aumentado-. Tanto el aumento como la disminución de los ingresos generan expectativas frustradas que alimentan la inestabilidad social y política.

Los países pobres de rápido crecimiento económico tienen hoy la clase media más numerosa de su historia. Es el caso de Brasil y Botsuana, China, Chile, India e Indonesia, entre otros. Estas nuevas clases medias no son tan prósperas como las de los países desarrollados, pero sus integrantes gozan de un nivel de vida sin precedentes. Mientras tanto, en países como España, Francia o Estados Unidos la situación de la clase media está empeorando. En un millón y medio de familias españolas todos los miembros en edad laboral están desempleados. Solo el 8% de los franceses opina que sus hijos tendrán una vida mejor que ellos. En 2007, el 43% de los estadounidenses aseguraba que su sueldo solo les alcanzaba para llegar a fin de mes. Hoy el 61% dice estar en esta situación.

Por otro lado, las aspiraciones insatisfechas de la clase media china o brasileña son tan políticamente incandescentes como la nueva inseguridad económica de la clase media que está dejando de serlo en España o Italia. Los Gobiernos respectivos se ven sometidos a enormes presiones, ya sea para responder a las crecientes exigencias de la nueva clase media o para contener la caída del nivel de vida de la clase media existente.

Inevitablemente, algunos políticos en los países avanzados aprovecharán este descontento para culpar del deterioro económico al auge de otras naciones. Dirán que los empleos perdidos en EE UU o Europa, o los salarios estancados, se deben a la expansión de China, India o Brasil. Esto no es cierto. Las más rigurosas investigaciones revelan que la pérdida de empleos o la disminución de los salarios en los países desarrollados no se deben al rápido crecimiento de los países emergentes, sino al cambio tecnológico, a una productividad anémica, a la política de impuestos y a otros factores domésticos.

A su vez, en los países pobres, la nueva clase media que ha mejorado su consumo de comida, ropa, medicinas y viviendas rápidamente exigirá más y mejores escuelas, agua, hospitales, transportes y todo tipo de servicios públicos. Chile es uno de los países económicamente más exitosos y políticamente más estables del mundo, y su clase media ha venido creciendo sistemáticamente. No obstante, las protestas callejeras por la mejora de la educación pública son recurrentes. Los chilenos no quieren más escuelas, quieren mejores escuelas. Y para todo gobierno es mucho más fácil construir una escuela que mejorar la calidad de la enseñanza que allí se imparte. En China se dan cada año miles de manifestaciones para reclamar más o mejores servicios públicos. En Túnez, la frustración de la gente derribó al régimen de Ben Ali, a pesar de que es el país con el mejor desempeño económico del norte de África. No existe gobierno alguno que pueda satisfacer las nuevas exigencias de una clase media en auge a la misma velocidad con la que se producen. Ni gobierno que pueda sobrevivir a la furia de una clase media próspera que ve cómo cada día su situación desmejora.

La inestabilidad política causada por estas frustraciones ya es visible en muchos países. Sus consecuencias internacionales aún no son tan obvias. Pero lo serán.

Sígame en Twitter @moisesnaim

Fuente: El País

jueves, 14 de julio de 2011

Cargamontón contra Susana Villarán

Todos contra Susana Villarán

Escribe: Pedro Salinas

Es el nombre del nuevo juego. Que es en realidad algo así como una práctica antropófaga. O una costumbre criolla, que también. O un tic. Tumbémonos a la Caperucita Roja. ¿Por qué? Porque sí. Porque es roja. Porque en seis meses no ha hecho nada. Porque no tiene autoridad. Porque es incompetente. Y encima, también es verde. Algo ya inconcebible, digamos. ¿Y cómo hacemos? Revoquémosla. ¿Y cómo se hace eso? Recolectando firmas. ¿Cuántas? Cuatrocientas mil. ¿Y después qué? Se le vaca. ¿Y luego? Asume Eduardo Zegarra. ¿Pero no era que Zegarra es más rojo que la Villarán y hasta el propio Darth Maul? Sí, pero después igual lo revocamos. ¿Y eso qué supone? Recolectar más firmas, invertir más tiempo y más plata. Y así.
Lo curioso es que esto lo alientan apristas, simpatizantes de Solidaridad Nacional, y hasta el propio Luis Castañeda. “El pueblo la puso, el pueblo la puede sacar”, ha dicho Míster Comunicore.

La lógica perversa en esta maquiavélica historia apunta, aparentemente, a revocar de sopetón a toda la lista de Fuerza Social. Con ello, de lograrse este cometido, quedaría como alcalde interino el regidor Guillén, del grupo político de Lourdes Flores. Y luego se convocaría a elecciones complementarias dentro de los noventa días siguientes a la revocatoria. De esta manera, Castañeda podría ser candidato, y, de ser elegido, retornar a la municipalidad, para fruición de Fabiola Morales y su combo, quienes deben estar frotándose las manos como moscas angurrientas después de haber concebido este plan. Bueno. Que los enemigos de la alcaldesa reclamen la revocatoria no es algo que extrañe, la verdad. Pero que el mismísimo Castañeda lo haga, me parece, además de un gesto muy conchudo y desvergonzado, de muy mal gusto. Digo.

Porque si recordamos lo que hizo el anterior burgomaestre en sus primeros seis meses de gestión fue: NADA. Para decirlo en formato de resumen ejecutivo, y así, con mayúsculas y luces de neón: NADA. Ene, a, de, a. NADA. ¿Ho capito? Aunque para ser honestos, algo hizo y dejó de hacer, como ha recordado Diego Grados en Diario16.

A saber: Desechó el Informe Bratton. Y a partir de ese instante histórico, Castañeda Lossio nunca más se preocupó por el tema de la seguridad ciudadana. Nunca más. Acusó a Alberto Andrade de dejarle millonarias deudas, sin exhibir una suela prueba. Ni una. Suspendió la Bienal de Lima. Permitió que los ambulantes formando hordas regresaran al mercado Central y al Barrio Chino. Cambió de lugar la estatua de Pizarro al parque de la Muralla sin consultarle a nadie y con los argumentos más delirantes y lisérgicos que se hayan escuchado por parte de un alcalde de la ciudad de Lima. Se dedicó a perseguir meones como si se tratase de la novena cruzada. Y punto.

En cambio, en el mismo tiempo, Villarán ha instalado el Comité Metropolitano de Seguridad Ciudadana; ha creado puestos de auxilio rápido en el Cercado; ha renegociado el contrato con la empresa a cargo de la Línea Amarilla para que el 7% del peaje lo reciba el municipio (la gestión anterior cedió todo el peaje); ha dado a conocer la auditoría del caso Comunicore (que destapó este diario); ha iniciado el programa Adopta un árbol para fomentar las áreas verdes; ha aprobado un presupuesto de 200 millones par el proyecto de la Costa Verde; ha inaugurado dos Hospitales de la Solidaridad (los que, según la contracampaña electoral, iban a desaparecer); ha iniciado la ampliación y remodelación de obras de infraestructura vial en diferentes sitios de la capital; ha recuperado la ciclovía de la avenida Arequipa los días domingos; entre otras cosas, que no son moco de pavo.

Ahora, es cierto, el tráfico sigue siendo insoportable, la delincuencia continúa y los problemas de Lima en su conjunto son agobiantes todavía. Sí, pues. Apenas tiene seis meses en el cargo. Pero ya hizo más de lo que Castañeda exhibió en su momento. Si no somos capaces de ver esto, por lo menos apreciemos que esta alcaldesa está tratando de establecer un estilo decente y transparente de hacer las cosas. Dos virtudes que no suelen verse juntas. Mejor dicho, que no suelen verse en nuestros políticos. Y eso ya es un huevo, o sea.

Fuente: Perú 21

miércoles, 6 de julio de 2011

Los enemigos de Susana Villarán

SUSANA VILLARÁN: CON LA ESPADA DE DAMOCLES DE LA REVOCATORIA

Escribe: Carlo Magno Salcedo Cuadros

Desde que Susana Villarán se convirtió en una candidata con posibilidades de ganar la elección municipal en Lima Metropolitana, empezó a ser objeto de furibundos ataques y de una campaña de satanización desde diversos frentes (a los que podríamos agrupar bajo el membrete genérico de “la derecha”), que desde entonces prácticamente no le han dejado ni respirar.

Primero trataron de impedir por todos los medios a su alcance que gane la elección; cometido que no lograron a pesar de la impresionante aplanadora mediática desplegada en su contra. Una vez elegida, cuando aún tenía la condición de alcaldesa electa, los ataques contra ella no cesaron. Algo muy parecido a lo que están haciendo contra Ollanta Humala.

Desde ese momento quedaba claro que no le iban a dar tregua. Esto se constata actualmente, en que resulta evidente que está en plena ejecución una constante y muy bien orquestada campaña de demolición de su gestión y del gobierno municipal de Lima Metropolitana, que busca tumbársela a cualquier precio.

Estos sectores, sin duda, desde el primer día hábil de 2012 promoverán formalmente su revocatoria y la de los regidores de su coalición partidaria; aunque desde ya vienen preparando el terreno para ello. Sólo están esperando que la ONPE saque a la venta los “kits electorales” o formatos para la recolección de las firmas necesarias para convocar a la consulta popular de revocatoria, lo que ocurrirá el próximo 2 de enero, al iniciarse el segundo año de su mandato.

De otro lado, debe tenerse en cuenta que, como señala Juan Sheput, el esfuerzo para tumbarse a Villarán es también un globo de ensayo para después pretender hacer lo mismo con el gobierno de Ollanta Humala. Ocurre que la derecha más dura no está dispuesta a admitir ninguna opción política que no sea claramente de centro derecha o derecha en el ejercicio del poder. Los sectores de esa derecha buscan acabar con ambos gobiernos y, con ello, pretenden desacreditar, de una vez y para siempre, cualquier alternativa política que no puedan controlar directa y totalmente.

LOS ERRORES DE SUSANA

Sin embargo, como muy bien advierte Augusto Álvarez Rodrich, lo señalado respecto de los ataques que sufre Villarán, en modo alguno puede ser excusa para un desempeño municipal deficiente. “El camino de Susana Villarán está minado con bombas sembradas por distintos frentes, algunos de los cuales están dispuestos a sacarla del puesto antes de tiempo, pero, por eso mismo, la alcaldesa debe reconocer errores y reforzar su gestión con un golpe de timón. Cuanto antes.”

Aunque la alcaldesa tiene poderosos enemigos al frente, ella misma en numerosas oportunidades “se ha puesto en bandeja”, al incurrir en errores políticos casi infantiles, contribuyendo a que la golpeen con facilidad. Veamos un ejemplo. Es verdad que el tramo del tren eléctrico construido en los populosos distritos de Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, que se encuentra a ras del suelo y no por encima, como en el resto de la ruta, divide a dichos distritos, dificultando la fluidez de su comunicación; lo que en palabras de Villarán es “como si fuera un muro de Berlín”. Sin embargo, tal división existe y se mantiene constante desde que se construyó dicho tramo, durante el primer gobierno de Alan García, hace casi 25 años, independientemente de que el tren funcione o no. Es decir, no porque el tren no se inaugure los problemas señalados por Villarán dejarán de existir; por tanto, cuestionar la próxima inauguración de la obra con dicho argumento puede ser mostrado fácilmente por sus opositores como mezquindad, más aún cuando dicha obra, por tanto tiempo postergada, es a todas luces necesaria.

Es verdad también que existe un ánimo de la gestión de Villarán por diferenciarse de la de sus predecesores, que concibieron la gestión municipal casi exclusivamente como sinónimo de hacer obras y sembrar de cemento la ciudad (lo que ha estado muy vinculado a esa idea de “qué importa que robe con tal que haga obra”). Sin embargo, marcar esa diferencia no puede hacerse en desmedro de las obras, del cemento, que la ciudadanía exigirá al gobierno local ya que se ha vuelto adicta a las mismas; sino haciendo aquello que pretende sea su marca distintiva, como algo adicional, como un plus, a las obras y al cemento. Desde Ricardo Belmont, nos guste o no, a todos los gobiernos locales se les evalúa por las obras emblemáticas que hacen, por la cantidad de cemento que añadan a esta megaciudad, tan necesitada de infraestructura.

Teniendo los poderosos enemigos que tiene, Villarán, y sus asesores deberían ser especialmente acuciosos para evaluar las consecuencias de las luchas que puede emprender y de los pleitos que se puede comprar. Al no haber tenido esa previsión, ha facilitado que sus enemigos logren instalar en el imaginario popular, como si fueran verdades, algunas ideas que la debilitan tremendamente: que no hace nada (a pesar que el primer año de una nueva gestión municipal es más de planificación), que sólo se dedica a criticar a su antecesor o al presidente García (a pesar que muchas de sus críticas pueden ser muy válidas), que se pelea con todo el mundo (pese a que muchas de sus peleas las han iniciado sus propios enemigos), etcétera.

LA REVOCATORIA A LA VUELTA DE LA ESQUINA

En esas condiciones, la revocatoria es una espada de Damocles que se está empezando a colocar sobre la cabeza de la alcaldesa y que, contrariamente a lo que algunos pueden suponer, es un objetivo que sus enemigos sí podrían alcanzar.

Fernando Tuesta precisó acertadamente, en un artículo de enero pasado, que las revocatorias se realizan, generalmente, en zonas alejadas de Lima y de las grandes ciudades de provincias; en poblaciones con escasa población electoral. Por ello, de la cantidad de kits (formatos de recolección de firmas) que compran con entusiasmo los promotores para revocar a sus autoridades elegidas, sólo entre la quinta y la décima parte consiguen que se realice la consulta popular respectiva. Asimismo, nunca se ha podido convocar a revocatoria respecto de alguna autoridad regional; en muy pocos casos para autoridades provinciales; y la gran mayoría de casos es para autoridades distritales, mayormente de distritos extremadamente pequeños, rurales y pobres.

Ello se debe, principalmente, a que el artículo 22 de la Ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadanos, Ley N.º 26300, (en adelante LDPCC), establece un requisito difícil de cumplir para que el Jurado Nacional de Elecciones convoque a la consulta popular de revocatoria: que la solicitud cuente con el respaldo del 25% del total de electores de la respectiva circunscripción (distrito, provincia o región). Entonces, si una circunscripción tiene mil electores bastarán 250 firmas; si tiene diez mil se requerirán 2500; si tiene cien mil se exigirá 25 mil firmas; si tiene un millón serán necesarias 250 mil firmas.

Sin embargo, la misma norma establece como límite máximo 400 mil firmas. Entonces, la referida proporción se mantendrá sólo hasta las circunscripciones que tengan un millón 600 mil electores. Por eso, para promover la revocatoria de las autoridades de la provincia de Lima Metropolitana, que en las últimas elecciones municipales contaba con una población electoral de más de 5 millones 900 mil electores (5,902,175), en lugar de tener que recolectarse casi un millón y medio de firmas (1,475,544), que sería el 25%, sólo se deben recolectar 400 mil firmas, que equivale a un insignificante 6.77% de la población electoral de Lima.

Aunque conseguir 400 mil firmas puede parecer difícil, no lo es tanto si el universo en el que hay que recolectar las mismas es tan grande como el de esta gran ciudad. Si consideramos que los poderosos enemigos de la alcaldesa Villarán no escatimarán los recursos necesarios para conseguir esas firmas, como contratar a ejércitos de jóvenes que se dediquen a tiempo completo y en todos los turnos a esa misión (de buena fuente sé que hay algún empresario vinculado al ex alcalde, que no tuvo éxito en las pasadas elecciones parlamentarias, que ya se ha comprometido a financiar ese personal), y que la campaña de demolición de su imagen ya está haciendo estragos y es difícil que se revierta del todo en los próximos seis meses, estoy seguro que ese número de firmas se podría conseguir en muy poco tiempo.

Y una vez que las firmas se consigan, los mismos promotores de la revocatoria se encargarán de presionar al Jurado Nacional de Elecciones para que convoque a la consulta dentro de los 90 días de presentada la solicitud, conforme lo establece el artículo 21 de la LDPCC, sin que dicho organismo espere a que exista un número amplio de solicitudes para acumularlas, como suele hacer tradicionalmente. Es decir, la consulta podría estar realizándose dentro del primer semestre del próximo año, cuando la actual gestión no tenga aún mucho que mostrar, por lo que el riesgo de que el resultado le sea desfavorable es muy alto.

Lo manifestado nos lleva a señalar que existe un grave defecto en la LDPCC, ya que coloca a las autoridades municipales de Lima Metropolitana en una evidente desventaja, desigualdad y situación de vulnerabilidad respecto de las autoridades de cualquier otro lugar de la República. Por eso, el citado artículo 22 de la LDPCC debe ser modificado cuanto antes, estableciendo que el porcentaje de respaldo de la población electoral que se requiere para que se convoque a una consulta popular de revocatoria, sea el mismo en todos los casos.

Por ello también, una alianza política entre Susana Villarán y Ollanta Humala se hace sumamente necesaria. Los gobiernos de ambos tienen a los mismos enemigos y lo sensato es que los enfrenten conjuntamente. Y una de las cuestiones que debería tratarse con prioridad por el próximo parlamento es, precisamente, enmendar el entuerto que origina la citada norma. La próxima bancada oficialista, que estará conformada básicamente por la alianza Gana Perú – Perú Posible, no lo debería pensar dos veces para impulsar su aprobación. Y Fuerza Social no debería hacerse muchos aspavientos para iniciar un proceso de acercamiento o convergencia con el partido que se termine de organizar en torno de Ollanta Humala.

Fuente: Cuestiones de la Polis