martes, 24 de junio de 2014

¿Menos burocracia o una mejor burocracia? El caso de educación

¿Menos burocracia o una mejor burocracia? El caso de educación

Escribe: Fernando Bolaños

Una entrevista en el diario Gestión a James Robinson, el autor del libro “¿Por qué fracasan los países? parece haber pasado inadvertida por el tema del Mundial de Fútbol que comienza hoy en Brasil, o los asuntos políticos de la discusión en el Congreso de los informes de la Megacomisión o el paquete de medidas para enfrentar la desaceleración económica. Las afirmaciones de Robinson, además, no creo que gusten a algunos de los defensores acérrimos del mercado en nuestro medio. Para ellos, el Perú debería transitar por la ruta de mayor desregulación y oportunidades para que el sector privado resuelva los problemas que el Estado no ha podido resolver.

El periodista Augusto Álvarez Rodrich es uno de los pocos que destaca el punto de vista de Robinson en su columna diaria en el diario La República. Resume AAR de esta manera los argumentos de Robinson: “… más allá de la buena macroeconomía –indispensable pero insuficiente–, el principal obstáculo peruano es la debilidad institucional, un asunto que es político, no técnico, y que pasa por proveer buenos servicios públicos al ciudadano, una política que funcione con partidos modernos y no clientelistas, reducir los monopolios, promover el derecho de la competencia, y profundizar la democracia con controles y contrapesos bien establecidos que eviten el poder que corrompe.”

¿Qué podríamos decir respecto de uno de los sectores más complejos del país, educación? Nada más cierto que esto. La raíz de los problemas, que comenzaron hace tiempo, no está en los maestros, ni en los materiales, ni en currículo per se. Está en la debilidad institucional de un Ministerio que tiene que atender 90,000 escuelas, 49,000 locales escolares, 8 millones y medio de estudiantes (sin contar la educación superior, que es otro cuento). No es posible hacer esto sólo desde Lima. Por eso, desde el 2011 con la gestión de la Ministra Salas y luego con el Ministro Saavedra, se ha definido toda una estrategia no sólo para fortalecer al MINEDU, sino para convocar a las regiones, definir metas de gestión, incentivar procesos y buenas prácticas. No es sólo que la responsabilidad del servicio educativo recae por norma en las regiones, sino que no es posible hacerlo de otro modo. El fallido experimento del plan piloto de Municipalización mostró que partir la educación en 1850 partes era un error, porque aún encargada a 25 gobiernos regionales sigue siendo un reto.

Hay burocracia en el Ministerio y las regiones, pero esto no es malo en esencia. Más bien, en el tiempo que hemos estado en el MINEDU, hemos estado impulsando procesos para perfeccionar y fortalecer una buena burocracia que permita sostener los cambios que se comenzaron a impulsar en aprendizajes (expansión de la educación inicial, reforzamiento de la educación intercultural bilingüe, nuevo marco curricular) y en la carrera docente (la Ley de Reforma Magisterial). Muchos de estos esfuerzos no son conocidos, pero son muestra de que, como en los esfuerzos serios de la vida, hay que actuar tanto en los temas urgentes como en los importantes.

En los casi tres años desde el 2011, se ha trabajado muy fuerte para cambiar de una lógica funcional a una lógica de procesos. Esto es importante, porque ha permitido identificar las claves del “negocio” de educación y como orientar esfuerzos dispersos en varias áreas y oficinas a lo central del Ministerio: el logro de aprendizajes pertinentes y efectivos. Algunos gobiernos regionales, con apoyo del MINEDU, comenzaron a hacer el mismo camino y el objetivo es poder contar con una gestión con enfoque territorial. Callao no se puede organizar de la misma manera que Moquegua o Loreto. Cada ámbito requiere una manera distinta de organizar su gente, sus recursos, su manera de llegar y atender a sus estudiantes, sus escuelas y maestros. Este enfoque de gestión descentralizada es clave en momentos como éste, en que se corre el riesgo de tirar el agua sucia de la tina con el niño dentro: hay limitaciones en varios Gobiernos Regionales, pero no es posible gestionar adecuadamente el sector educativo si no se fortalece el proceso de descentralización en curso, no sólo impulsando a los que van delante, perfeccionando los mecanismos de incentivos y control (como los acuerdos de gestión) y la asistencia técnica a medida. La recentralización no es posible ni es una opción viable.

Finalmente, estos procesos de reforma institucional nacen, continuan y terminan con personas. Mientras se implementa la Ley Servir, se requiere crear una nueva cultura de servicio y trabajo. El MINEDU, sólo entre el 2012 y el 2013 se capacitaron a cerca de 3,000 funcionarios, incluyendo personal de las regiones, en el marco del Plan de Desarrollo de las Personas. Se ha atendido no solo a especialistas sino a personal administrativo. Algunos de ellos nunca habían recibido capacitación, nunca habían entendido con claridad cómo al trabajo que hacían tenía impacto final en niños o jóvenes aprendiendo, o recibiendo sus materiales a tiempo. Es complicado transformar maneras arraigadas de ver las cosas, de interactuar con colegas. Pero se está haciendo, también con funcionarios de las regiones, cambiando la manera usual de hacer y ofrecer el servicio educativo.

Como dice Robinson, “el cambio es perfectamente factible en el Perú, pero el cómo se hace es un proceso político que viene de un mejor funcionamiento de la democracia…” Hemos estado impulsando un cambio en educación, es imperativo que continúe y no se detenga. 


viernes, 13 de junio de 2014

Debatiendo la descentralización y la capacidad de control del gobierno nacional

Interesante entrevista a 3 especialistas sobre la reforma de la descentralización y el fortalecimiento de la capacidad de control del gobierno nacional:

Raúl Molina (Ex Secretario de Descentralización de la PCM)
Carlos Monge (Investigador Asociado de DESCO)
Paula Muñoz (Profesora de la Universidad del Pacífico)





viernes, 6 de junio de 2014

La Descentralización en debate

La Descentralización en el debate

Escribe: Gustavo Guerra García

En la década de los 90, el Perú era uno de los países más centralizados del mundo. El Gobierno Nacional se denominaba por ese entonces Gobierno Central y cuatro ministerios manejaban el 70% de los recursos totales del país. En 1997, el Gobierno Nacional administraba el 97% de los recursos de inversión y los gobiernos locales solo el 3% de los recursos de inversión.

Esta situación hoy se ha modificado de forma sustantiva y los gobiernos locales administran casi la mitad de los recursos de inversión y los gobiernos regionales un monto de inversión semejante al del gobierno nacional. En resumen, el Gobierno Nacional en 21 años pasó de ejecutar el 97% de los recursos de inversión a entre la cuarta parte y la tercera parte del total, mientras que los niveles subnacionales pasaron del 3% a entre dos tercios y tres cuartos del total, dependiendo del año. Cuando se ejecutó la descentralización se trasladaron las competencias del gobierno nacional a cargo de los Consejos Transitorios de Administración Regional a los nuevos Gobiernos Regionales. Y eso significó principalmente el traslado de las competencias asignadas a las direcciones regionales de varios sectores en donde el grueso de los recursos corrientes eran los gastos regulares de educación, salud y servicios agrarios.

Los gobiernos regionales iniciaron con el hueso del Estado –pues esos recursos eran principalmente la planilla de esos tres sectores– y luego vieron ampliar sus fondos de inversión como consecuencia del crecimiento de la recaudación del IGV y por efecto de los recursos del canon, sobre canon y regalías. El crecimiento de China e India impactaron sobre los valores de los metales y gracias a que durante el gobierno de Alejandro Toledo la fórmula del canon pasó del 20 al 50% del impuesto a la renta de las actividades extractivas, el efecto conjunto generó un crecimiento de 400% en los presupuestos de inversión regionales entre el 2006 y el 2010 y ha seguido subiendo.

El crecimiento explosivo de la inversión pública regional y local y los controles del MEF para contener el aumento del gasto corriente de sus unidades ejecutoras condicionó una cierta disfuncionalidad en la institucionalidad subnacional pues mientras la inversión creció por el ascensor, la capacidad de contar con más personal profesional y con mejores escalas remunerativas crecía por las escaleras.

Aún así hay importantes avances en la gestión pública regional. Estudios importantes demuestran que la asignación de recursos ha estado más cerca de atender las brechas que las asignaciones nacionales y que la prioridad de asignación de gasto se aplican a sectores prioritarios: caminos departamentales y rurales, salud, educación y agricultura. Hoy una campaña mediática orientada a tratar de desactivar la descentralización con añoranzas de la década de los 90, está soslayando muchísimas mejoras que se han dado en los gobiernos descentralizados. Algunos de ellos son los siguientes: aumentó el gasto en mantenimiento de caminos rurales y departamentales que estaban abandonados por el MTC, se aumentó el gasto en mantenimiento de la gran infraestructura de riego con la descentralización de INADE y los proyectos más importantes de mejora de la calidad educativa se han dado en regiones como San Martín y Piura.

Si hoy hay regiones (como Tacna, Moquegua etc.) con mejores indicadores de calidad en la educación que en Lima, administrada por el Ministerio de Educación, también tiene que ver con que los gobiernos regionales están más expuestos a la presión social de sus comunidades y se ven forzados a responder con efectividad. En los países desarrollados, las competencias se asignan a los más bajos niveles de gobierno con prioridad y solo se dan a los niveles superiores competencias por economías de escala o alta necesidad nacional. Además, así han construido ciudadanía significativa.

Que la fiebre electoral y los problemas de corrupción en algunas regiones no nos hagan perder de vista las ventajas de ser un país con un Estado nacional descentralizado.


Fuente: Diario 16