martes, 23 de abril de 2019

Suicidio de Alan García es de una generación


EL SUICIDIO DE UNA GENERACIÓN

“Los jóvenes deben firmar el recambio sobre el féretro de la corrupción y el mesianismo”

Escribe: Julio César Mateus

El suicidio de Alan García tuvo un carácter épico y encendió la controversia como, seguramente, él había previsto. Así también, su acto fue el tiro de gracia a una generación de políticos que estaba agonizando, a quienes no unen las edades o las ideologías, sino la sombra de la corrupción. Algunos de sus exponentes intentarán aparecer de nuevo en el escenario político y participar en elecciones, pero ya no serán más que zombies con olor a cárcel. El próximo Congreso, completamente renovado, podrá asociar a la generación Lavajato con lo peor de la política.

A la caída de esa generación le acompaña el surgimiento y consolidación de nuevos lideres nacionales. Más allá de nuestras banderas, gustos y disgustos, los políticos de la nueva hornada son Salvador del Solar, Julio Guzmán, Verónica Mendoza, George Forsyth, Kenji Fujimori y otros que queremos ver llegar. El gatillo de Alan García definió un lugar en el espacio-tiempo histórico para una nueva generación de protagonistas. A los políticos de su misma generación, Alan García los llamó miserables en su carta de despedida. No sabemos aún si los nuevos serán mejores que los anteriores, pero queremos creer que no hipotecarán el país por dinero y poder.

A pesar de las nostalgias y los anhelos de los apristas que llenaron la Casa del Pueblo en el velorio de su líder, los partidos políticos del siglo pasado ya no van a resucitar. Augusto Ferrando y Chacalón tuvieron mucha más gente buscando su ataúd. La fuerza que está apagando los partidos políticos es más grande y poderosa que la muerte de Alan García. La capacidad limitada del Estado para resolver los problemas cotidianos, la desconcentración del poder político entre muchos actores diversos, y el efecto de las redes sociales en ciudadanos más (des)informados y más indignados, demanda reinventar las formas de (re)presentarnos políticamente.

Derivado de lo anterior, el suicidio más seguido por los medios peruanos confirma que la política y el espectáculo se han vuelto inseparables. Los políticos por venir son futbolistas o actores de cine, si no se presentan rodeados de comics para recibir más likes. Se auguran políticos que serán producto de un manual de marketing. El equilibrio entre la política y el espectáculo puede ser el desafío público más importante del siglo que recién empieza. Los nuevos políticos no podrán dejar de discernir entre lo necesario y lo superficial para ganar audiencia. Se hallarán en el permanente dilema de abandonar una reforma porque carece de impacto mediático.

Los nuevos aires de la política peruana heredan pendientes históricos que la generación recién enterrada no supo, no pudo y no quiso resolver. Las inequidades económicas, sociales y étnicas son nuestras verdaderas cadenas al pasado. Los rostros que entrarán --que entraremos-- a hacer política, deben ver el Perú desde las regiones. Cuando Alan García toma su última decision, el Presidente del Perú proviene de una región fronteriza lejana a Lima. A pesar de las voces apocalípticas y celosas, nuestro actual gobernante mantiene una aprobación mayor que la de sus predecesores en su primer año de gobierno. Así, las nuevas generaciones de políticos pueden ver a las regiones y ciudades como polos de desarrollo ávidos de liderazgo, tentando alcaldías y gobernaciones que, luego, les permita saltar a lo nacional.

Con Alan García se despide una generación que entendió el crecimiento del Perú compatible con sus negocios millonarios bajo la mesa. Pero él no se suicidó solo porque estaba acorralado por la justicia. Las investigaciones judiciales abonaban sobre una tragedia, para él, mayor: que su protagonismo y poder político se estaban apagando. Sabía que sus recursos políticos no le servían ya para hacerse de gloria. Con su generación desaparecen el balconazo y el mitin, el militante y el carné. Se despiden un conjunto de prácticas políticas desfasadas en tiempos de tecnologías y medios de comunicación descontrolados. Preso de los tiempos, Alan García se hizo viral a costa de su propia vida. Bien lo dijo Omar Taupier: su último megáfono fue una bala.

martes, 19 de marzo de 2019

Caída de Alan García es un buen mensaje anticorrupción


Aquí se va a defender lo ganado

Escribe:
Cruz Silva Del Carpio
Abogada titulada por la PUCP. Fue Coordinadora del área Justicia Viva del Instituto de Defensa Legal – IDL. Actualmente, es Coordinadora del área Estado de Derecho de la Fundación por la Justicia y el Estado de Derecho (FJEDD) de México.

El mundo nos mira. Somos el país de Latinoamérica que a pesar de los constantes ciclos de bonanza económica y de robo sistemático de sus ganancias, como nos lo explica Alfonso Quiroz, está a punto de someter a la justicia a uno de sus eternos personajes políticos. Justamente, al más escurridizo de todos: Alan García.

Ya antes hemos sido foco de atención. No es usual que un país tenga, como investigados o procesados por corrupción, a todos los presidentes que lo han gobernado. Tampoco es común que el líder histórico del partido político mayoritario y con mayor poder hasta el día de hoy, haya sido sentenciado, indultado y devuelto a prisión luego de un indulto trucho por mandar a matar en la década pasada a estudiantes y heladeros, además de haber secuestrado a un empresario y a un periodista, Gustavo Gorriti. Y que su hija, la heredera (aunque no exclusiva) de la histórica antipolítica peruana, también esté en prisión (aunque preventiva).

El año pasado el Perú dio una muestra más de lo que puede hacer. Luego que su periodismo de investigación revelara los CNMaudios de la vergüenza en medio de los destapes de corrupción en el Congreso, cayeron los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, jueces, empresarios, un presidente del Poder Judicial, un Ministro de Justicia. Luego vendría la caída que parecía imposible, del hoy ex Fiscal de la Nación. Pedro Chávarry. Y todo eso, sin contar en que por dos oportunidades este país logró salvarse de una nueva presidencia fujimorista, dejando de lado en el camino también a PPK.

Todo eso lo logró nuestra gente en la calle. En un país con poco sostén institucional para combatir estructuras corruptas y asesinas, nada, absolutamente nada, se hubiera movido sin la pisada firme en la calle. Estudiantes, familiares de víctimas, mujeres, organizaciones sociales de base, representantes de pueblos indígenas, trabajadores, profesionales, amas de casa, ciudadanos, fueron los que marcaron la diferencia; mostrando la dignidad que nuestro pueblo tiene. Todo esto no fue sin desacuerdos y debates profundos dejados de lado al final de cada movilización social, a los que obligatoriamente debemos de regresar, más temprano que tarde. Pero, seguíamos ( y seguimos) en la lucha demostrándonos que sí se puede, con todo el reto que significa organizarse y salir con fuerza y contundencia con un Estado que no prepara a los ciudadanos a preocuparse por lo público ni pensar en real progreso.

Muchas veces se ha jodido el Perú. Pero hoy estamos en una de esas coyunturas en que podemos virar y cambiar un poco esta historia de saqueos constantes.

La justicia le pisa los talones a Alan García, al fin, luego de tantos años que involucran una huida al extranjero, la prescripción impune de delitos, una labia mentirosa, fiscales que no le investigaron bien y jueces que a pesar de estar impedidos participaron del cierre de prometedoras investigaciones, como aquellas  de la Megacomisión, y todo eso, manteniéndose en el poder ahora con socio fujimorista incluido.

Al fin, y de forma objetiva y con serios indicios, podemos contar los días para que Jorge Barata hable, y podemos ver que hay fiscales que no se amilanan frente a un objetivo que, como dice el mismo investigado, es histórico. Pero de ese mismo nivel de avance, es el nivel de la desesperación y el ataque de quien se siente acorralado.

García y la maquinaria que lo secunda ha arremetido estos días contra IDL-Reporteros con difamaciones y mentiras, y sobre todo contra Gorriti en una contraofensiva (claramente lo señala Gorriti en “Hasta aquí: Frente a la matonería, la decisión”), porque sabe lo que se viene, si no logra impedir que los periodistas sigan descubriendo e informando la verdad que están empeñados en entregar sin reservas.

En ese punto de la viada anticorrupción, la agresión física al fiscal José Domingo Pérez y los ataques directos al periodismo, marcan una nueva y peligrosa etapa: aquella donde se está dispuesto a todo con tal de mantener todo tal como está. Ahora, un vocero fujimorista y agresor convoca para un “plantón” en las propias oficinas de IDL-Reporteros ¿Por qué es tan grave esta nueva etapa? Porque en ella se está construyendo un choque agresivo, antidemocrático, antiderechos, impulsado y promovido por quienes buscan mantener su impunidad.

No hemos llegado hasta aquí, para que una turba política de siempre, que aun está en el poder, nos quite lo arrancado.

Todos los logros de la lucha contra la impunidad fueron así, en las calles, y así nos toca ahora retomarlas; más aún cuando el impresentable Becerril hace un llamado a supuestas contramarchas tratando de borrar la memoria de quién es quién en la corrupción del Perú.

Este es el momento de reorganizarnos a paso firme, porque la corrupción y sus prácticas son el origen de muchas de las desigualdades que vivimos. Y aunque Vizcarra no le haya dado este año el espaldarazo que merece la lucha anticorrupción -desviando la agenda política hacia nuevas vulneraciones de derechos- los ciudadanos y ciudadanas que salieron y saldrán a las calles, verdaderos autores y autoras de los cambios que hemos tenido, no vamos a permitir que se retroceda ni que se violente a nadie, mucho menos que otra vez se joda el Perú y que se sigan quedando con sus cuotas de poder los empresarios y políticos corruptos. Ellos deben dejar de conducir el país tras bambalinas, y con ellos debe ser cancelada para la siempre la forma en que han cooptado nuestros destinos. Y la caída de García es un muy buen e histórico punto de partida.

La organización, los piquetes informativos y las calles nos esperan.

Fuente: SER