lunes, 29 de diciembre de 2014

El Parque El Migrante "José María Arguedas" donde fué La Parada

Parque El Migrante "José María Arguedas" dejó atrás el recuerdo de La Parada

Unas 100,000 personas se beneficiarán con su construcción

Con la inauguración del Parque El Migrante "José María Arguedas" en La Victoria, quedaron atrás más de cuatro décadas de historia del desaparecido mercado mayorista de La Parada en ese popular distrito, cuyo rescate sanitario ocurrió en marzo de este año.

La alcaldesa metropolitana Susana Villarán, comentó durante la entrega del espacio público a los vecinos, que la decisión de recuperar las tres hectáreas y media sobre la que se levantó el mercado no fue sencilla pero que el objetivo de recuperarlo para el bienestar de la población de Lima lo hizo posible.

"Recuperamos un lugar donde no había verde, ni espacio para la cultura, deporte y actividad física. Transformar una ciudad cuesta, tomar decisiones no es popular pero es la tarea de un gobernante. Entregar resultados para la felicidad y armonía de la ciudad de Lima fue nuestro compromiso", manifestó Villarán durante la ceremonia.

Agregó que esta inmensa área verde beneficiará a un promedio de 100,000 personas y recordó que el rescate sanitario del ex mercado mayorista ocurrió el 14 de marzo y que en setiembre del 2012 la Municipalidad de Lima abrió la puertas del Mercado Santa Anita. Ambas medidas, dijo, han transformado la ciudad.

La alcaldesa aún en funciones expresó su confianza en que la nueva gestión edil continúe con las obras que faltan concluir en el parque El Migrante.

"Confío que el gobierno municipal entrante seguirá el espíritu del pueblo que reclamó aquí en el centro de La Victoria, orden, paz, cultura y deporte para que los niños no vivan en la calle ni a merced del delito sino que crezcan con valores y espíritu de sana competencia para que logren su proyecto de vida", manifestó.

En la ceremonia estuvieron presentes dirigentes vecinales del cerro San Cosme, el Pino, El Porvenir hasta comerciantes de Gamarra, como también como autoridades del club departamental Andahuaylas y familiares del extinto escritor José María Arguedas.

En esta primera parte de la obra la comuna limeña invirtió a través del Servicio de Parques de Lima (Serpar) S/. 13 millones.


jueves, 4 de diciembre de 2014

El voto blanco o nulo como tercer candidato

El tercer candidato

Escribe: Mabel Cáceres

Los insistentes comentarios que intentan descalificar la opción de voto blanco o nulo revelan que esta opción tendrá un protagonismo inesperado en la presente elección de segunda vuelta regional.

Más allá del tema formal (el voto nulo o blanco es Constitucional) y que la abstención está regulada en todo tipo de votaciones, desde las que se producen en el Congreso de la República, hasta las que no ejercemos cuando faltamos a una reunión de la APAFA en el colegio de nuestros hijos; hay un argumento esencialmente democrático que sólo un interés subalterno puede pretender negar.

El que se haya presentado una circunstancia en que solo hayan quedado dos opciones en la contienda y la necesidad de designar una autoridad para canalizar los actos de gobierno, no implica en modo alguno que una considerable porción de electores deba sentirse representada por uno de estos candidatos; ni siquiera que juzgue esta democracia realmente representativa; y por último, que el sistema tenga alguna legitimidad.

Lo real es que el sistema de partidos y organizaciones políticas está profundamente desautorizado por falta de representatividad e institucionalidad; que la democracia formal que solo nos da oportunidad de garabatear una cédula cada 4 años, no sólo esta deslegitimada sino gravemente desprestigiada y cuestionada por altos índices de corrupción y, otra vez, debilidad institucional; y que los movimientos de indignados que cuestionan las bases mismas del sistema “democrático” son el síntoma de una descomposición social a nivel global, debido a que, en verdad, lo único que se ha institucionalizado sólidamente en nuestras sociedades “democráticas” es la injusticia.

El Perú y Arequipa han venido creciendo en cifras macroeconómicas de manera sostenida hace una década, pero eso no ha mejorado nuestro Poder Judicial, ni la Policía Nacional. No tenemos más parques ni campos deportivos, no se ha mejorado la calidad del empleo ni los niveles de participación cívica de la sociedad. La Educación y la Salud públicas siguen siendo paupérrimas. No tenemos políticas de desarrollo cultural y las manifestaciones artísticas se ahogan entre la falta de apoyo oficial y la indiferencia de las empresas privadas. La desigualdad y la subsistencia de la pobreza son los más álgidos indicadores de este fracaso. El Índice de Desarrollo Humano no ha mejorado y en algún caso, hemos retrocedido, mientras una porción muy pequeña de la sociedad amasa inmensas fortunas con la protección de nuestros propios líderes sociales. ¿Por qué los ciudadanos de a pie, tendríamos que creer en esta falsa democracia?

La  insistencia en obligarnos a optar, en aras de un supuesto “deber cívico”, por alguien que no  responde a nuestras expectativas no sólo no es legítima, sino esencialmente incorrecta desde un punto de vista moral. En tiempos del “roba pero hace obra”, nadie puede ser obligado a avalar un sistema en el que los políticos sobreviven gracias a la picardía y la capacidad de acomodarse, flotar en medio de un mar pestilente de corrupción, ceder al lobby de poderosos intereses o al chantaje de empoderados dirigentes “populares”; en el que la mentira y la falacia son obligaciones del candidato y objeto de la indiferencia del “grueso de la población”.

Los últimos 4 presidentes de la República electos, han variado sus promesas electorales en 180° sometiéndose desvergonzadamente al poder económico; el presidente regional a quien los dos candidatos intentan suceder hoy, traicionó las enormes  expectativas que su liderazgo prometía para la región, por falta de grandeza, mientras otros presidentes regionales están en la cárcel o con orden de captura por corruptos, sencillamente.

Los que quieran elegir en este contexto que elijan. Y a los que no, respeten su decisión.


Fuente: El Búho