jueves, 25 de septiembre de 2014

El Gobierno de Ollanta Humala y los idiomas indígenas

EL GOBIERNO DE OLLANTA HUMALA Y LOS IDIOMAS INDÍGENAS
 
Escribe: Wilfredo Ardito Vega
 
Aunque el Ministerio de Educación ya había realizado en años anteriores dos Tinkuy, fue recién el tercero, el que generó un gran interés en los medios de comunicación limeños.   Numerosos periodistas acompañaron a los niños amazónicos, andinos y afroperuanos a las sesiones en Huampaní y las visitas a la playa, el Palacio de Gobierno y el Parque de las Aguas.
 
Los “futuros líderes del Perú”, como los llamó El Comercio, hablaron con soltura en radios y canales de televisión y gracias a ellos, recién comienzan a difundirse los esfuerzos en materia lingüística del actual gobierno.
 
En los últimos tres años, el Ministerio de Educación ha realizado una labor extraordinaria de producción de materiales educativos en idiomas indígenas. Hay textos de lectura en wampís,  libros de matemática en quechua, ciencias naturales en aymara y ciencias sociales en asháninka.   De la misma forma, se realizan muchas actividades de capacitación a los profesores de educación bilingüe. Los institutos pedagógicos bilingües, que fueron cerrados durante el gobierno de Alan García, han sido reabiertos y centenares de jóvenes se preparan para ser los nuevos profesores bilingües de sus comunidades.
 
Sin embargo, el MINEDU no es lo único sector del Estado que ha venido haciendo esta labor: el Ministerio de Inclusión Social, MIDIS, le da especial énfasis a los materiales en idiomas indígenas dirigidos a los padres de familia cuyos hijos participan en programas como Qali Warma y Cunamás.
 
Otro programa del MIDIS que aborda la problemática lingüística es Pensión 65, a través de Saberes Productivos, un proyecto que promueve que los adultos mayores compartan sus conocimientos ancestrales con niños y jóvenes. Muchos beneficiarios de Pensión 65 ahora difunden idiomas que parecían en peligro de extinción, como el jaqaru, que se habla en Tupe, provincia de Yauyos y el kukama (cocama), que se habla en Loreto.
 
Por su parte, el Ministerio de Cultura ha organizado ya siete cursos para intérpretes y traductores de idiomas indígenas. En el último, que concluyó hace unos días participaron indígenas de grupos como iquitos y yaminahuas y dos policías awajún.  La promoción de nuevos intérpretes ha decidido llevar el nombre de Edwin Chota, en homenaje al dirigente asháninka asesinado el 1° de septiembre.
 
Naturalmente, con estos cursos no se concluye la formación de los intérpretes: todavía se necesitará mucho tiempo para lograr traducir de manera comprensible términos como premeditación, productividad o epidemia. Por eso, cuando el Ministerio de Cultura me pidió el año pasado un material para el uso del quechua en la administración de justicia, solamente pude elaborarlo gracias a la reflexión colectiva de un grupo de quechuahablantes, como había ocurrido antes con el Manual dirigido a policías. Sería fundamental que el Ministerio de Salud, entre otros, siguiera este ejemplo y también preparara materiales similares para su personal. Por el momento, solamente existen guías preparadas en algunos idiomas por UNICEF, dirigidas a la salud materno infantil.
 
El Ministerio de Cultura suscribió también un convenio con el Jurado Nacional de Elecciones logrando que por primera vez se traduzca las hojas de vida de los candidatos y los planes de gobierno a los idiomas indígenas de diferentes regiones del país.
 
Entre otras entidades, el Ministerio de Justicia también ha tomado en cuenta el tema lingüístico al exigir que los defensores públicos manejen el idioma de la zona donde van a trabajar y, por primera vez, el RENIEC ha creado un registro civil bilingüe en Tupe, una experiencia piloto que esperamos se extienda a muchos otros lugares del territorio nacional.
 
Pese a todos estos avances, aún estamos lejos de otros países que reconocen ampliamente su diversidad lingüística, como Canadá, España o Bélgica. Hace unos meses, uno de mis alumnos comprobó que en Lima ni siquiera las comisarías creen necesario contratar personas que hablen quechua, pese a que, según Elena Burga, la Directora de Educación Bilingüe e Intercultural, en Lima vive un millón y medio de quechuahablantes. Ella sostiene que, por ejemplo, los anuncios que se difunden en los parlantes del Metropolitano y el Tren Eléctrico deberían ser en castellano y quechua. Solamente en el Hospital Loayza funciona ahora un consultorio con médicos quechuahablantes.
 
El viernes pasado acudí al Encuentro de Saberes con el que concluyó el tercer Tinkuy. Había varias delegaciones de colegios limeños y funcionarios peruanos y extranjeros interesados en conversar con los niños y sus profesores. Me llamó la atención, entre muchas otras, la historia de los niños kichwas del Napo, que viajaron ocho días para llegar a Lima y casi murieron en una tormenta.
 
Sin embargo, fue cuando vi a los niños matsés con su profesora me sentí estremecido. Durante el primer gobierno de Belaúnde,  los matsés fueron bombardeados por la Fuerza Aérea, como si fueran enemigos del Perú. Ahora, cincuenta años después por fin el Estado peruano les ha otorgado el título de propiedad sobre sus tierras y los escolares reciben educación en su idioma. En un país tan habituado a las malas noticias es fundamental que todo esto se sepa.

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