lunes, 25 de noviembre de 2013

Nuestra apuesta anticorrupción

Julio Arbizu: “Mi hija me dice: ¿Y no hay nadie más que pueda hacerse cargo, papá?”
 
Procurador anticorrupción. Nació en Lima en julio de 1974. Abogado por la PUCP, con estudios de especialidad en Chile y Estados Unidos. Ha trabajado como asesor en el Congreso de la República.
 
Cuando Julio Arbizu llegó por primera vez a la Procuraduría Anticorrupción había un chico en la puerta que, de acuerdo a su humor, iba fijando las prioridades del despacho metiendo en el mismo saco al infractor que se ha pasado la luz roja y a un ministro que ha robado dinero público. Junto a un equipo de jóvenes profesionales, Arbizu ha reorganizado la administración de los casos y convertido su oficina en una de las instituciones más temidas e incómodas para los políticos, en tiempos de máxima presión, cuando acechan los fantasmas de nuestro pasado corrupto. A él, el perseguidor perseguido, lo encontramos, cómo no, saliendo de una reunión y compartimos unos minutos en el chat del Facebook.
 
¿No te enerva que Fujimori sea entrevistado en medios?
 
Sí, me enerva muchísimo. El caso de Fujimori, y el de otros condenados, me parece terrible porque supone que sujetos que han sido hallados culpables publiciten sus falsas redenciones, afectando más a sus víctimas. Yo creo que cada vez que Fujimori vuelve a decir que es inocente, victimiza más a los deudos de las matanzas de la Cantuta o Barrios Altos.
 
¿Cuál dirías tú que es la finalidad ética, más profunda de tu trabajo?
 
A nosotros nos toca ir por la indemnización o recuperar el dinero de la corrupción, pero nosotros nos hemos propuesto trascender el análisis economicista…
 
Pero entonces no es muy anti, sería más bien "postcorrupción", ¿no?
 
Eso es verdad. Es lo más importante que vamos a dejar. Reparaciones sí, pero también comunicarle a la gente que cada vez que se comete un delito de corrupción se violan sus derechos y el Estado abdica de su obligación de garantizarlos.
 
¿Cómo se prevé este tipo de casos?
 
Hoy sabemos con qué frecuencia ocurren casos de peculado o colusión (entre los dos son más del 70% de los casos), que tiene que ver con la administración de fondos públicos y con compras del Estado. Eso nos permite darle insumos a las instancias de prevención, al Parlamento y a los órganos de control.
 
A veces no te sientes como Sísifo empujando tu roca para volver a empezar desde abajo al día siguiente?
 
Totalmente. Y por eso muchas veces me he planteado la absoluta inutilidad de todo el esfuerzo.
 
¿Qué te mantiene?
 
Va a parecer efectista, pero es que llego a mi casa y mi hija siempre me dice algo nuevo. Me lee. Me ve en la tele y se ha comprado todo el discurso.
 
Los niños pueden ponernos en perspectiva ¿no?
 
Sí, pero, ¿sabes? También dice cosas terribles, como que me ve cada vez menos en casa, y que me importa más el trabajo que ella… y entonces pregunta: ¿Y no hay nadie más que pueda hacerse cargo?
 
¿Cuánto duermes?
 
Cada vez menos. En promedio deben ser cuatro horas.
 
¿Cuánto tiempo pasas en la oficina?
 
Llego antes de las ocho. Siempre paso a dejar a Gabriela al cole, he tratado de mantener eso y me voy cerca de las diez u once, pero últimamente vengo también sábados y domingos.
 
¿Recibes o has recibido alguna vez presiones directas del Presidente o de cualquier otro personaje que detente algún poder?
 
Si eso pasa me voy y al día siguiente lo anuncio en conferencia de prensa. Pero no te voy a negar que algunas veces ha llamado gente a decir "mira, yo no te voy a decir que hagas o no tal cosa, pero convendría..." o "me han dicho que estás muy furioso en este caso...."
 
¿Y qué haces?
 
Te confieso que soy menos drástico de lo que debería o quisiera ser y eso me provoca muchas veces un sentimiento de culpa terrible.
 
¿Tú dices siempre la verdad?
 
¡Qué pregunta!
 
Eres el fiscal anticorrupción, deberías decirme que sí.
 
No creo en ninguna religión, de modo que mi relación con la verdad tiene que ver con mis propios estándares éticos y en la chamba he tratado de que sean rigurosos, pero me parece que responderte sí sería demasiado pretencioso.
 
¿Crees que existe en nuestro país un poder en la sombra?
 
Creo que hay poderes fácticos, que muchas veces se imponen y que buscan que la administración del poder formal los beneficie, pero creo también que esos poderes están más a la luz que a la sombra, solo que nadie los señala.
 
¿Esos poderes fácticos son económicos?
 
En gran medida y son los mismos que se reciclan, una y otra vez, en discursos cada vez más amigables. Hace diez años, cuando Camet era procesado por el caso de los MIG 29 alguien dijo: "¡Pero cómo va a haber cometido un delito tan grave este señor tan rosadito!". Hoy nadie se atrevería a decir algo así, pero en cambio lo recordaron a su muerte como el gran componedor de la economía.
 
¿Es posible cambiar el sistema de castas en el Perú?
 
Es alucinante porque esa es quizá la herencia colonial más perniciosa. Los privilegios están arraigados además de en el dinero, en una serie de parámetros que están en el imaginario de la gente: en este país no es igual de responsable uno y otro, aunque hayan cometido el mismo delito.
 
En Chile, ex líderes estudiantiles son ahora diputados ¿qué necesitamos para renovar nuestra clase política?
 
Yo creo que hay una diferencia fundamental, nosotros sufrimos a Sendero y la guerra y su consecuencia es un desencanto integral. La rebeldía, que es consustancial a la juventud, aquí parece que fuera patrimonio de algunos locos radicales. Entonces cuando hablas fuerte y duro y reclamas, despiertas ese horror del que se aprovecha tanto político jurásico: "estos son terroristas"
 
¿Tienes aspiraciones políticas?
 
Debería haber escrito no, de inmediato. Y sin embargo lo pensé.
 
¿Y que me respondes después de estos incómodos segundos?
 
Mira, yo siento que en alguna medida, la función pública requiere de gente que asuma compromisos…
 
Genial, ¡ya hablas como político!
 
Pero si me hablas de interés de postular a un cargo de representación hoy. Es decir, pensarlo desde hoy, te diré que no.
 
Sinceramente, ¿cuánto más crees que puedas aguantar en el cargo?
 
Llevo dos años en esto y a veces pienso que estoy al borde del algún colapso. Pero tengo otros momentos más gratificantes, cuando alguien se toma la molestia de hacer una lista de apoyo o de saludarme en la calle y llamarme valiente.
 
Fuente: La República

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