lunes, 27 de febrero de 2012

De cambios presidenciales y niveles socioeconómicos

Un feliz 75%

Escribe: Rosa María Palacios

¡Quién te viera y quién te ve! Según IPSOS Apoyo, el NSE A aprueba la gestión de Ollanta Humala con un histórico 75%. Un salto de quince puntos en un mes. ¿Qué pasó aquí?

Hace unos pocos meses, entre abril y junio pasados, durante el desarrollo de la segunda vuelta electoral, ese mismo grupo puso sus esperanzas, entusiasmo, y por qué no decirlo, su pasión y desesperación en desacreditar a como diera lugar a Ollanta Humala y ensalzar las virtudes de una candidata que -como dijo Julio Cotler- representaba lo peor de la historia política peruana.

El NSE A no escatimó recursos. Confiep produjo y colocó spots en televisión, supuestamente institucionales, que no eran más que piezas de propaganda fujimorista encubierta malamente. Algunos medios perdieron el norte (otros nunca lo tuvieron) y dejaron de hacer periodismo para pasar al proselitismo desembozado. Quien no se sumaba, pagaba las consecuencias. Y algunos, las pagamos. Con mucho gusto, además.

Pero creo que lo peor fue la gente, esa que representa al sector supuestamente más educado del país y que suele tratar con bastante prepotencia a quien se interponga en sus deseos. Tengo apasionados correos electrónicos que hoy avergonzarían a sus autores si se hicieran públicos. Estoy segura que ellos están dentro del 75% que hoy aplaude feliz a Humala. Como estoy segura que lo están las encantadoras señoras que me pedían que “por mis hijos” hiciera campaña por Keiko o que “por lo menos”, como me dijo otro “no le reste”. “Si no quieres sumar, bueno, pero no restes” fue una de las muchas infelices frases que recibí de los que me reclamaban por no hacer los que “socialmente” me correspondía.

Restar era revisar los planes de gobierno de ambos candidatos y confrontarlos con sus voceros. No tuve el honor de poder hacerlo con ninguno de los dos candidatos porque huyeron de mí como de la viruela. Razón tenían ambos. Defender ese par de documentos mamarrachentos era de valientes o de suicidas. Restar, era recordar gestiones de gobierno con resultados poco democráticos. Restar era desechar los chismes baratos que fascinan en estos frívolos círculos, como la casa de Casuarinas de dos millones de dólares o los vestidos que ya se llevaban por docenas para la señora. Restar era traer abajo denuncias fabricadas, me imagino con gran esfuerzo, por agentes que se presentaban como fuente prístina y eran, desde lejos, operadores directos del fujimorismo. Porque hay que decirlo, de esos hubo más.

Restar era demandar credenciales democráticas. Porque, vale la pena recordarlo, nuestro NSE A puede haber tenido más oportunidades en la vida pero en educación democrática como que no se gradúo con honores ¿no? Los insultos que tuvieron que aguantar Mario Vargas Llosa y su familia, por defender un principio democrático no vinieron de los más pobres del país. Vinieron del NSE A que hoy, en un 75% feliz, coincide con su antes odiado escritor.

¿Qué pasó aquí? Lo de siempre. Si se mira bien, nada nuevo, en realidad. “Humala cambió” sentencian sus nuevos clientes. Puede ser. Pero ¿quién cambió más?

Fuente: La República

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