miércoles, 20 de julio de 2011

¿Un mundo sin partidos políticos?

¿Un mundo sin partidos?

Escribe: Otto Granados

En todas partes la gente suele vomitarse en los partidos políticos. No solo a nadie le importa lo que hacen sino que realmente detestan a sus líderes y los encuentran responsables del desencanto democrático, el estancamiento de los países, las malas políticas públicas, la economía parasitaria, y, en fin, todos los males que nos invaden.

¿Es esta una imagen razonablemente justa de esas organizaciones? Sí y no.

Hace unos seis años, Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente brasileño, pronosticó que las perspectivas de los partidos “en las grandes democracias de hoy no son halagüeñas. Es más, es posible que esas poderosas máquinas políticas desaparezcan pronto”. La sentencia, aunque explicable, no parece, sin embargo, que se vaya a ejecutar tan pronto como algunos piensan.

Por un lado, es claro que los partidos tradicionales ya no sirven para mucho. Al menos como bandera, las grandes divisiones ideológicas no existen más y están siendo reemplazadas por identidades y causas. Hoy es mucho más fácil acomodarse en formaciones que representen grupos étnicos, orientación sexual, hábitos de consumo o posiciones antiinmigrantes que en aquéllas que propongan lemas extraños como políticas socialdemócratas o de centro derecha.

Por ejemplo, las razones que llevaron al triunfo de Evo Morales en Bolivia fueron esencialmente de identificación étnica, y en las últimas elecciones parlamentarias en Holanda 180 mil personas votaron por un sui géneris Partido por los Animales, que hoy tiene tres legisladores y cuya única agenda es la defensa de los derechos de los animales.

Por otro lado, los partidos, como vehículos de intermediación, son ya obsoletos en un mundo donde las organizaciones ciudadanas, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, y las redes sociales los han sustituido en la práctica. Cada año hay casi 4 millones de nuevos usuarios de internet en México y quizá en cinco años el 75% de los mexicanos estará conectado habitualmente. Ese mexicano ¿para qué necesita exactamente a un partido político?

En ese sentido, los partidos son ciertamente prescindibles.

Sin embargo, toda la arquitectura jurídica, política e institucional está construida en torno a las rigideces de un sistema de partidos sin el cual no se puede competir electoralmente, ni se puede recibir financiamiento público o acceso a los medios, ni se puede tramitar el proceso legislativo, entre otras cosas.

En los hechos, esto ha llevado al establecimiento de vínculos un tanto opacos entre grupos de presión empresarial, profesional y otros y los partidos con representación legislativa para la protección de sus intereses particulares, y, por consecuencia, a prácticas en donde no es inusual el intercambio de votos en el congreso a cambio de favores económicos o de otro tipo.

Este es el marco que, al menos por ahora, hace inevitables a los partidos, aunque hace también evidente que los mecanismos de fiscalización de la autoridad electoral se han quedado muy atrás y que son indispensables nuevas formas de escrutinio social tanto de los propios partidos como del congreso que limpien un poco un ambiente tan lamentable.

Fuente: La Razón

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