miércoles, 6 de julio de 2011

Los enemigos de Susana Villarán

SUSANA VILLARÁN: CON LA ESPADA DE DAMOCLES DE LA REVOCATORIA

Escribe: Carlo Magno Salcedo Cuadros

Desde que Susana Villarán se convirtió en una candidata con posibilidades de ganar la elección municipal en Lima Metropolitana, empezó a ser objeto de furibundos ataques y de una campaña de satanización desde diversos frentes (a los que podríamos agrupar bajo el membrete genérico de “la derecha”), que desde entonces prácticamente no le han dejado ni respirar.

Primero trataron de impedir por todos los medios a su alcance que gane la elección; cometido que no lograron a pesar de la impresionante aplanadora mediática desplegada en su contra. Una vez elegida, cuando aún tenía la condición de alcaldesa electa, los ataques contra ella no cesaron. Algo muy parecido a lo que están haciendo contra Ollanta Humala.

Desde ese momento quedaba claro que no le iban a dar tregua. Esto se constata actualmente, en que resulta evidente que está en plena ejecución una constante y muy bien orquestada campaña de demolición de su gestión y del gobierno municipal de Lima Metropolitana, que busca tumbársela a cualquier precio.

Estos sectores, sin duda, desde el primer día hábil de 2012 promoverán formalmente su revocatoria y la de los regidores de su coalición partidaria; aunque desde ya vienen preparando el terreno para ello. Sólo están esperando que la ONPE saque a la venta los “kits electorales” o formatos para la recolección de las firmas necesarias para convocar a la consulta popular de revocatoria, lo que ocurrirá el próximo 2 de enero, al iniciarse el segundo año de su mandato.

De otro lado, debe tenerse en cuenta que, como señala Juan Sheput, el esfuerzo para tumbarse a Villarán es también un globo de ensayo para después pretender hacer lo mismo con el gobierno de Ollanta Humala. Ocurre que la derecha más dura no está dispuesta a admitir ninguna opción política que no sea claramente de centro derecha o derecha en el ejercicio del poder. Los sectores de esa derecha buscan acabar con ambos gobiernos y, con ello, pretenden desacreditar, de una vez y para siempre, cualquier alternativa política que no puedan controlar directa y totalmente.

LOS ERRORES DE SUSANA

Sin embargo, como muy bien advierte Augusto Álvarez Rodrich, lo señalado respecto de los ataques que sufre Villarán, en modo alguno puede ser excusa para un desempeño municipal deficiente. “El camino de Susana Villarán está minado con bombas sembradas por distintos frentes, algunos de los cuales están dispuestos a sacarla del puesto antes de tiempo, pero, por eso mismo, la alcaldesa debe reconocer errores y reforzar su gestión con un golpe de timón. Cuanto antes.”

Aunque la alcaldesa tiene poderosos enemigos al frente, ella misma en numerosas oportunidades “se ha puesto en bandeja”, al incurrir en errores políticos casi infantiles, contribuyendo a que la golpeen con facilidad. Veamos un ejemplo. Es verdad que el tramo del tren eléctrico construido en los populosos distritos de Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, que se encuentra a ras del suelo y no por encima, como en el resto de la ruta, divide a dichos distritos, dificultando la fluidez de su comunicación; lo que en palabras de Villarán es “como si fuera un muro de Berlín”. Sin embargo, tal división existe y se mantiene constante desde que se construyó dicho tramo, durante el primer gobierno de Alan García, hace casi 25 años, independientemente de que el tren funcione o no. Es decir, no porque el tren no se inaugure los problemas señalados por Villarán dejarán de existir; por tanto, cuestionar la próxima inauguración de la obra con dicho argumento puede ser mostrado fácilmente por sus opositores como mezquindad, más aún cuando dicha obra, por tanto tiempo postergada, es a todas luces necesaria.

Es verdad también que existe un ánimo de la gestión de Villarán por diferenciarse de la de sus predecesores, que concibieron la gestión municipal casi exclusivamente como sinónimo de hacer obras y sembrar de cemento la ciudad (lo que ha estado muy vinculado a esa idea de “qué importa que robe con tal que haga obra”). Sin embargo, marcar esa diferencia no puede hacerse en desmedro de las obras, del cemento, que la ciudadanía exigirá al gobierno local ya que se ha vuelto adicta a las mismas; sino haciendo aquello que pretende sea su marca distintiva, como algo adicional, como un plus, a las obras y al cemento. Desde Ricardo Belmont, nos guste o no, a todos los gobiernos locales se les evalúa por las obras emblemáticas que hacen, por la cantidad de cemento que añadan a esta megaciudad, tan necesitada de infraestructura.

Teniendo los poderosos enemigos que tiene, Villarán, y sus asesores deberían ser especialmente acuciosos para evaluar las consecuencias de las luchas que puede emprender y de los pleitos que se puede comprar. Al no haber tenido esa previsión, ha facilitado que sus enemigos logren instalar en el imaginario popular, como si fueran verdades, algunas ideas que la debilitan tremendamente: que no hace nada (a pesar que el primer año de una nueva gestión municipal es más de planificación), que sólo se dedica a criticar a su antecesor o al presidente García (a pesar que muchas de sus críticas pueden ser muy válidas), que se pelea con todo el mundo (pese a que muchas de sus peleas las han iniciado sus propios enemigos), etcétera.

LA REVOCATORIA A LA VUELTA DE LA ESQUINA

En esas condiciones, la revocatoria es una espada de Damocles que se está empezando a colocar sobre la cabeza de la alcaldesa y que, contrariamente a lo que algunos pueden suponer, es un objetivo que sus enemigos sí podrían alcanzar.

Fernando Tuesta precisó acertadamente, en un artículo de enero pasado, que las revocatorias se realizan, generalmente, en zonas alejadas de Lima y de las grandes ciudades de provincias; en poblaciones con escasa población electoral. Por ello, de la cantidad de kits (formatos de recolección de firmas) que compran con entusiasmo los promotores para revocar a sus autoridades elegidas, sólo entre la quinta y la décima parte consiguen que se realice la consulta popular respectiva. Asimismo, nunca se ha podido convocar a revocatoria respecto de alguna autoridad regional; en muy pocos casos para autoridades provinciales; y la gran mayoría de casos es para autoridades distritales, mayormente de distritos extremadamente pequeños, rurales y pobres.

Ello se debe, principalmente, a que el artículo 22 de la Ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadanos, Ley N.º 26300, (en adelante LDPCC), establece un requisito difícil de cumplir para que el Jurado Nacional de Elecciones convoque a la consulta popular de revocatoria: que la solicitud cuente con el respaldo del 25% del total de electores de la respectiva circunscripción (distrito, provincia o región). Entonces, si una circunscripción tiene mil electores bastarán 250 firmas; si tiene diez mil se requerirán 2500; si tiene cien mil se exigirá 25 mil firmas; si tiene un millón serán necesarias 250 mil firmas.

Sin embargo, la misma norma establece como límite máximo 400 mil firmas. Entonces, la referida proporción se mantendrá sólo hasta las circunscripciones que tengan un millón 600 mil electores. Por eso, para promover la revocatoria de las autoridades de la provincia de Lima Metropolitana, que en las últimas elecciones municipales contaba con una población electoral de más de 5 millones 900 mil electores (5,902,175), en lugar de tener que recolectarse casi un millón y medio de firmas (1,475,544), que sería el 25%, sólo se deben recolectar 400 mil firmas, que equivale a un insignificante 6.77% de la población electoral de Lima.

Aunque conseguir 400 mil firmas puede parecer difícil, no lo es tanto si el universo en el que hay que recolectar las mismas es tan grande como el de esta gran ciudad. Si consideramos que los poderosos enemigos de la alcaldesa Villarán no escatimarán los recursos necesarios para conseguir esas firmas, como contratar a ejércitos de jóvenes que se dediquen a tiempo completo y en todos los turnos a esa misión (de buena fuente sé que hay algún empresario vinculado al ex alcalde, que no tuvo éxito en las pasadas elecciones parlamentarias, que ya se ha comprometido a financiar ese personal), y que la campaña de demolición de su imagen ya está haciendo estragos y es difícil que se revierta del todo en los próximos seis meses, estoy seguro que ese número de firmas se podría conseguir en muy poco tiempo.

Y una vez que las firmas se consigan, los mismos promotores de la revocatoria se encargarán de presionar al Jurado Nacional de Elecciones para que convoque a la consulta dentro de los 90 días de presentada la solicitud, conforme lo establece el artículo 21 de la LDPCC, sin que dicho organismo espere a que exista un número amplio de solicitudes para acumularlas, como suele hacer tradicionalmente. Es decir, la consulta podría estar realizándose dentro del primer semestre del próximo año, cuando la actual gestión no tenga aún mucho que mostrar, por lo que el riesgo de que el resultado le sea desfavorable es muy alto.

Lo manifestado nos lleva a señalar que existe un grave defecto en la LDPCC, ya que coloca a las autoridades municipales de Lima Metropolitana en una evidente desventaja, desigualdad y situación de vulnerabilidad respecto de las autoridades de cualquier otro lugar de la República. Por eso, el citado artículo 22 de la LDPCC debe ser modificado cuanto antes, estableciendo que el porcentaje de respaldo de la población electoral que se requiere para que se convoque a una consulta popular de revocatoria, sea el mismo en todos los casos.

Por ello también, una alianza política entre Susana Villarán y Ollanta Humala se hace sumamente necesaria. Los gobiernos de ambos tienen a los mismos enemigos y lo sensato es que los enfrenten conjuntamente. Y una de las cuestiones que debería tratarse con prioridad por el próximo parlamento es, precisamente, enmendar el entuerto que origina la citada norma. La próxima bancada oficialista, que estará conformada básicamente por la alianza Gana Perú – Perú Posible, no lo debería pensar dos veces para impulsar su aprobación. Y Fuerza Social no debería hacerse muchos aspavientos para iniciar un proceso de acercamiento o convergencia con el partido que se termine de organizar en torno de Ollanta Humala.

Fuente: Cuestiones de la Polis

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