domingo, 12 de junio de 2011

Declaración contra violentar el paisaje de Lima

Declaración contra violentar el paisaje de Lima

Escribe: Augusto Ortiz de Zevallos

No hay ni razón ni derecho para que Lima sea violentada en su paisaje más distintivo, el litoral y la bahía, con esta implantación de una gigantesca estatua.

Estatua que además de empequeñecer el histórico Morro Solar, y alterar nuestro espacio urbano y natural, es una parodia tardía de otra, el Cristo del Corcovado de Rio de Janeiro , cuyo simbolismo y correspondencia con su paisaje son otros y ajenos.

Lima es Lima.

Una ciudad anterior y diferente de otras.

Su paisaje, su geografía, y su hechura urbana, no son ni deben ser copias ni calcos ni ecos de otras. Y menos sin sentido de tiempo, de significado, y de lugar.

Este anacronismo monumentalista y retórico, cuyo primer antecedente hace dos milenios fue el Coloso de Rodas, fue retomado en el siglo XIX en operaciones de prestigio nacional de tono imperial conmemorativo y grandilocuente, como en los casos celebratorios de la Estatua de la Libertad, Torres seguidoras de la Eiffel y faros u obeliscos.

Modas que llegaron con su monumentalismo hasta los años 40 y siempre como distintivo de poderes e ideologías autoritarios.

Franco, Stalin, Mussolini, y por cierto Hitler, además de Mao y la Europa del Este de Ceaucescu, o muchos regímenes militares, han entendido el espacio público como uno subordinado para dar mensajes.

Y no para vivir la ciudad como una experiencia creativa viva y plural.

Por eso hace medio siglo o más que en las ciudades y mentalidades modernas estos gestos y presencias fetichistas no se hacen más.

Y en todas ellas cualquier iniciativa de esta naturaleza seria materia de información, debate y consulta, además de la obvia exigencia intelectual para cualquier diseño que pretenda corresponder en tiempo y lugar a su encargo de tener pertinencia en sus referentes al País y la ciudad.

Y esta imposición, violenta también la naturaleza laica de nuestra ciudad y nuestro País.

El propio Haya de la Torre objetó y esclareció en su momento los gestos de similar grandilocuencia que quiso implantar un régimen autoritario.

Esto es un despropósito sin sentido ni validez. Ni estética, ni histórica ni simbólica. Es un gesto desmesurado y autoritario, que invade una vez más el fuero municipal, y devalúa la ciudadanía de los limeños al imponerles por sorpresa y con una política de hechos consumados lo que la ciudad ni conoce, ni necesita, ni aprueba.

Los ciudadanos de Lima exigimos detener este abuso.

No a la estatua del Morro

Fuente: No al Cristo de Alan

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