jueves, 13 de enero de 2011

Los ciudadanos son los que importan: Democracia Republicana como proyecto político

Comentarios al libro Democracia Representativa. Ni Estado ni mercado: una alternativa ciudadana, de Carlos Salinas de Gortari [editorial Debate, México, 2010]. Museo José Guadalupe Posada, Aguascalientes, Ags., 12 de enero de 2011.

Los ciudadanos son los que importan: Democracia Republicana como proyecto político

Escribe: Alex Ricardo Caldera Ortega

Dese hace tiempo, a partir de mi trayectoria y labor académica, me he dedicado a promover la sentencia que dice “la política importa”. He insistido en alumnos, políticos y público al que me dirijo en ocasiones, en la idea de que el fortalecimiento de la democracia de nuestro país empieza por un lado en la participación ciudadana con efectiva capacidad de influir en las decisiones públicas, y en el diseño institucional de un andamiaje republicano fincado en la búsqueda de la equidad, la justicia, la libertad y la soberanía. La obra del doctor Carlos Salinas de Gortari, Democracia Republicana, es un aporte lúcido en este sentido y es una reivindicación clara de la política como medio para conseguir fines trascendentes en beneficio de los ciudadanos y del país. De ahí es que pueda transformar el día de hoy la sentencia que siempre he apoyado académica y políticamente en aquella que dice: “Los ciudadanos son los que importan”.

La democracia no se consolidará en México apostando a la buena voluntad, sino institucionalizándola en una República que ponga en el centro del espacio público a la sociedad, y donde el Estado y el mercado son sólo instrumentos para la consecución de la felicidad y la vida buena del pueblo.

Salinas de Gortari en este texto no sólo nos confirma su adhesión al proyecto llamado Liberalismo Social con clara tradición en la historia del país —y a través del cual él edificó su acción de gobierno como presidente de México—, sino que además lo auto reafirma como proyecto alternativo al neoliberalismo y al neopopulismo, proyectos en los cuales identifica el autor los principales errores del pasado (y el presente), así como los peligros del futuro.

El libro recorre el ¿a dónde ir?, el ¿dónde estamos?, y el ¿qué hacer? Como ciudadano reconozco en Carlos Salinas de Gortari la acción de rendición de cuentas que intenta al detallar su versión sobre el actuar de su gobierno y enmarcar dicha acción en el proyecto político mencionado. Como analista político comparto buena parte de las explicaciones acerca de la situación actual del país (no comparto otras pero este no es momento para ahondar en ello), y como analista de políticas públicas coincido en la estructuración de los principales problemas que vivimos los mexicanos, lo mismo que considero que las estrategias propuestas son coherentes, factibles y fundamentales para que México salga del impasse que actualmente sufre y se proyecte con el liderazgo el cual ya ha demostrado a lo largo de su historia.

No obstante en esta ocasión, y en mi calidad de académico en el campo de la ciencia política, quisiera detenerme en lo que considero es un importante esfuerzo por sustentar intelectualmente su propuesta y proyecto político. A partir de un acucioso repaso por la tradición del pensamiento político republicano, Salinas de Gortari justifica los fundamentos del Liberalismo Social insistiendo en resaltar los valores y principios de la libertad, la justicia y la soberanía.

La disertación es un repaso amplio de la teoría política clásica y contemporánea que estructura normativamente la idea de la democracia profunda (Deep Democracy), y la cual plantea que sólo los ciudadanos de manera autónoma frente al Estado y el mercado, con su participación constante y activa en todos y cada uno de los asuntos públicos, podrán encontrar los más adecuados caminos para lograr el desarrollo.

La misma crisis económica mundial de 2008 ha hecho que el péndulo que se mueve entre las respuestas del Estado y el mercado se posicione a favor del primero, pero dada la experiencia del fracaso total de las dos opciones en el pasado reciente, la alternativa ciudadana, dentro de un marco precisamente de la Democracia Republicana, se afirma como el sendero más efectivo en la que se logre precisamente soberanía popular, justicia social y libertad.

Mi postura académica se ha mostrado abiertamente apegada a la tradición de la teoría crítica de la democracia. Ante esta perspectiva leí con interés el texto del doctor Carlos Salinas.

A partir de lo que podríamos llamar un “descentramiento real del Estado de la esfera pública” durante las últimas tres décadas en el mundo —a partir de los procesos de democratización en Europa del Este y América Latina (incluido México), la crisis fiscal del Estado que derivó en el Consenso de Washington, y otros fenómenos como la propia globalización— hay una revaloración positiva de formas alternativas para la dirección de la sociedad.

El término gobernanza (governance) regularmente ha adquirido relevancia en ciencia política tratando de indicar un nuevo “estilo” de gobierno emergente en este proceso de desplazamiento de la esfera pública, donde el control jerárquico del Gobierno, ha dado paso a esquemas de mayor cooperación entre el propio Estado y los actores no estatales al interior de redes decisionales mixtas entre lo público y lo privado.

Se habla de “nueva gobernanza” cuando el patrón de gobierno adquiere formas eslabonadas más horizontales, interactivas y asociativas. El enfoque de la Gobernanza se presenta como una nueva semántica que trata de incluir la idea de que lo político (la coordinación y cooperación entre actores con capacidades e intereses diversos) y lo institucional (el régimen político) son básicos para estructurar lo público y lograr objetivos sociales.

La crisis económica mundial y los problemas fundamentales de nuestros países exigen nuevas formas de estructurar las decisiones gubernamentales, operar las políticas y evaluar los resultados, así como reconoce que la legitimidad de la acción pública parte del involucramiento más activo de todos los interesados, asignándole un nuevo rol al Gobierno como facilitador de estas relaciones.

El principal error del proyecto neoliberal es pensar que la única restricción que tiene el Estado es de eficiencia (económica), y quedar ciegos ante otro tipo de restricción propiamente política que hace referencia a la crisis de legitimidad democrática en el proceso de gobierno. Lo falso del neopopulsimo por su parte es la identificación de la masa con un líder que dice encarnar todos sus intereses, valores y aspiraciones como pueblo.

La democracia no sólo son procedimientos e instituciones para elegir libremente a los gobernantes y representantes, esta visión mínima es la que se ha arraigado en el discurso de los actores políticos, e incluso de algunos intelectuales, y es lo que posiblemente esté estancando la propia democratización del país. La discusión en torno a los procedimientos y las instituciones debe ser complementada con el de los resultados. La construcción de la efectiva institucionalidad democrática, y en particular de Democracia Republicana, requiere un núcleo básico de rutinas, valores y comportamientos acorde a tal ordenamiento.

La discusión se ha concentrado en el proceso electoral y las instituciones políticas de representación, pero poco se ha dicho acerca del proceso participativo de la sociedad en el proceso general de toma de decisiones ante las instancias de gobierno de todos los órdenes, del fortalecimiento de la propia sociedad civil, de los instrumentos efectivos para la deliberación pública y la representación de interesas públicos más allá de lo articulado coyunturalmente o lo institucionalizado de forma tradicional (es decir en partidos políticos, sindicatos u organizaciones civiles).

Particularmente yo me adhiero a una posición que reivindica una articulación positiva entre Estado y la sociedad civil. Creo que hay posibilidades de una reforma del Estado, iniciada y exigida permanentemente por la sociedad, que exalte los valores democráticos en una lógica que se reconozca primeramente la heterogeneidad de los dos y que ayude a replantear una nueva relación con el mercado. Pasar de la condición estadocéntrica a la sociocéntrica requiere una reforma del Estado que combata: a) la apropiación privada del Estado no sólo por la burocracia, sino por los privados mercantiles que emergentemente se han hecho cargo de servicios públicos; b) la actuación autorreferida de la burocracia o las privados mercantiles participantes en lo público; y c) la falta de rendición de cuentas por parte de quienes se hacen cargo y participan en estos asuntos públicos.

Con Boaventura de Sousa Santos creo que es posible el “Estado como novísimo movimiento social”, es decir, una nueva y privilegiada articulación entre los principios del Estado y de la comunidad, bajo la primacía de ésta última.

Sólo reformando simultáneamente al Estado y la sociedad civil mediante la articulación tanto de la democracia representativa, como de la participativa, se puede dar efectividad al potencial de la democratización que haga frente a los intentos de privatización de lo público. Sólo así los valores de cooperación, solidaridad, la democracia y la prioridad de la persona sobre el capital podrán alcanzarse.

Una Democracia Republicana para México deberá ser pensada y construida como un régimen político en el que se articula el proceso de dirección de la sociedad donde esta siempre tiene la primacía frente al Estado y al mercado. Esta postura de profundizar la democracia está basada en la idea de que en la confluencia entre el Estado y la sociedad, ésta última tenga la posibilidad real no sólo de argumentar y criticar frente a la acción del primero, sino de participar en un proceso amplio de deliberación pública ligado a un marco político “institucionalizado” (léase Republicano), que vincule efectivamente la posibilidad de ejercicio del poder por parte de los sujetos de la sociedad civil.

Fuente: Blog La Política Importa

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