domingo, 8 de agosto de 2010

Descentralización y elecciones

“El gobierno carece de voluntad política para avanzar la regionalización”

Eduardo Ballón. Antropólogo y directivo de Desco –uno de los más prestigiosos centros de investigación en ciencias sociales–, integrante de Propuesta Ciudadana y autor de libros y estudios de su especialidad, Eduardo Ballón es una autoridad en temas de descentralización y regionalización. Dialogamos con él a raíz de la propuesta incluida por el presidente García en su reciente mensaje al país.

Por: Federico de Cárdenas

Viéndolo en perspectiva, ¿se adelantó Toledo al disponer en forma voluntarista un proceso de regionalización a partir de los actuales departamentos al inicio de su gobierno?

–Es claro que ahí hay una responsabilidad de Toledo y de varios más, por creer que era posible una regionalización desde los departamentos y lanzar un paquete de normas amarrando este proceso a la descentralización política. Ese es el pecado original de lo que vivimos hoy. El fracaso del proceso de descentralización y del referéndum de octubre de 2005 bloquea ese proceso, pero luego es poco o nada lo que ha hecho el actual gobierno por encontrar vías para corregir los errores que venían desde el diseño inicial.

–¿Ese proceso no parte de un deseo utópico que cree que los departamentos van a decidir unirse y crear esas entidades territoriales superiores que serían propiamente las regiones, cuando hay una tradición en sentido contrario?

–En efecto, hay una tradición, aunque en unos es más fuerte que en otros. Arequipa y La Libertad la tienen muy fuerte, pero Huancavelica, por ejemplo, no. Al lado de ese asunto hay una cantidad de intereses significativos que no se resuelven por decreto, y en la medida en que ni en el gobierno de Toledo ni en este ha habido algún tipo de discurso o propuesta sobre cómo hacer la integración y esto quedó librado a la supuesta voluntad de ciudadanos que debían expresarse en un referéndum, no son de extrañar las dificultades que vivimos hoy. El proceso del 2005 se realizó a partir de un diseño hecho por el gobierno central.

–Cuando mencionas intereses supongo que también te refieres a que hay regiones muy ricas, con ingentes recursos procedentes del canon, y otras que no los tienen.

–El ejemplo típico sería Ica–Huancavelica. Los iqueños no quieren integrarse con Huancavelica, pese a que ese sería uno de los ejes de integración razonables. Ellos argumentan que tendrían que compartir sus éxitos y recursos con una cantidad enorme de pobres, pero si lo pensaran bien se darían cuenta de que ellos prosperan gracias al agua y la energía eléctrica que provienen de Huancavelica, que además les brinda mano de obra barata para la agroexportación.

Elecciones y candidatos

–¿Cómo ves la multiplicación de candidaturas con miras a las elecciones regionales?

–La fragmentación que se observa en todos los espacios y circunscripciones electorales es dramática. Si uno mira exclusivamente la elección regional, lo que se constata es que, de un lado, los partidos nacionales han aumentado ligeramente su presencia –muchos de ellos como vientres de alquiler en las candidaturas regionales– y, de otro lado, que las agrupaciones regionales se han multiplicado por más de dos. A pesar de las normas y de las barreras que se ponen, la crisis de representación y la crisis del sistema político es más fuerte y está lejos de corregirse. Si para las elecciones nacionales vamos a tener por lo menos 28 potenciales candidatos (contando los partidos ya registrados), en las regionales tendremos unos 320 frente a los 222 que compitieron en las anteriores. A nivel provincial y distrital ocurre otro tanto.

–¿Esto se debe a que hay una torta mayor que repartir? ¿Cuál sería la explicación?

–Es resultado de varias cosas. Por una parte, de la desinstitucionalización que hay en el país; pero, de otro, de la incapacidad de los denominados partidos nacionales para ser efectivamente tales. Se juntan todos los factores y por mucha buena voluntad que tengan las distintas normas, cada una de ellas crea nuevos problemas. Por ejemplo, la segunda vuelta electoral, que funciona desde estas elecciones regionales, no está mal; pero como simultáneamente se crean en la práctica distritos uninominales para elegir a los consejeros del gobierno regional, podemos terminar con gobiernos en los que hay un presidente que no cuente con un solo consejero, ya que su lista puede quedar segunda en provincias, pero ganar la elección.

–La norma fue dada para que varias listas se entiendan, pero nadie sabe si va a ocurrir.

–Exacto, la norma parte de un acto de fe, de una apuesta por el consenso. Pero ese es un discurso conceptual que no necesariamente tiene que ver con la realidad. Además, los gobiernos regionales hasta ahora –y no es un problema de ellos sino del diseño– son básicamente presidencialistas, el poder del consejo regional es restringido.

–Hace un par de años, y creo que fue también en un mensaje de 28, el presidente García habló de formar “regiones piloto”.

–Como en tantas cosas, el presidente se dice y desdice. En efecto, habló de la voluntad del Ejecutivo de avanzar en el proceso, y anunció dos cosas: un proyecto de regionalización que era responsabilidad de la Secretaría de Descentralización y la constitución de regiones piloto. El primero ha terminado en una consultoría hecha por una empresa privada muy respetable, pero que ha quedado a ese nivel, sin que exista una propuesta del Ejecutivo. En lo que hace a las regiones piloto, los presidentes de San Martín y Amazonas, a los que se sumó el de La Libertad, avanzaron hacia la creación de una y se convirtieron en una “mancomunidad regional” que ha creado una comisión de desarrollo y otros acuerdos, y pugna por una propuesta de ley para oficializar su integración. Pero el proyecto no avanza en el Congreso porque en verdad no le interesa a nadie. Volviendo al último mensaje de AGP, es bastante fácil decir “que el Congreso resuelva”, cuando se sabe que el Congreso tiene una importante responsabilidad en el bloqueo de la descentralización, pero la del Ejecutivo no es menor. A la clase política que opera en Lima y al Ejecutivo, es un tema que les interesa poco. Es que si hay verdaderas regiones existe para ellos el riesgo de contrapoderes reales y una mayor insistencia en la descentralización fiscal, un tema del cual no quieren oír.

–¿Esto se debe a que con una debida descentralización surgiría un país distinto al que manejan y que no sabrían cómo afrontar?

–Surgiría otro país, en el que las estructuras que ellos han mantenido para operar políticamente no les servirían. Si uno mira qué se ha avanzado en términos de integración política regional o municipal, lo que se constata es que lo poco que se ha logrado ha sido por la presión y decisión de las autoridades subnacionales. Hoy existen varias juntas de coordinación regional, de las cuales la más significativa es la denominada Internor, que agrupa a Tumbes, Piura, Lambayeque, Cajamarca, Amazonas y San Martín, y desde el 2007 a La Libertad y Ancash. Esa junta de coordinación tiene una secretaría técnica, un plan de desarrollo estratégico de la macrorregión, está buscando crear un ente de inversiones y tiene una propuesta de desarrollo. Pero el gobierno nacional no ha hecho nada por ellos y para el Congreso es como si no existieran. Algo similar ocurre a nivel municipal, cuya Ley de Mancomunidades, que fue idea de la Asociación de Municipios del Perú, tardó más de un año. Hoy son 35 mancomunidades.

–Se habla mucho de la macrorregión sur, ¿es un mito o puede ser una realidad? Por lo que cuentas, el norte lleva la delantera.

–Sin duda. La denominada Junta Interregional del Sur recién se ha formado en abril de este año, mientras que en el norte ya tiene un recorrido largo. Esta Junta involucra a Tacna, Arequipa, Cusco, Madre de Dios y Moquegua. Lo que ha hecho ha sido constituirse, pero no ha avanzado mucho más. Tiene un gran retraso respecto de la macrorregión norte. Sin embargo, se habla mucho de ellos porque en el sur, y especialmente en el sur andino, está uno de los focos de resistencia al modelo neoliberal.

–¿Crees que en los dos meses que quedan hasta las elecciones regionales, las poblaciones tendrán la posibilidad de distinguir entre la paja y el trigo, es decir, diferenciar las propuestas serias de aquellas oportunistas?

–En general, las autoridades subnacionales elegidas el 2006 fueron bastante mejores que las elegidas el 2002. Eso no quiere decir mecánicamente que en estos comicios se dé una mejora, sobre todo en un escenario difícil y complejo; sin embargo, tengo la impresión de que –sobre todo a nivel regional– se optará por autoridades solventes. Pero el tema tiene que ver con la segunda vuelta. Pensemos en Puno, que es un escenario muy fragmentado; lo que puede suceder es que el candidato que gane la primera vuelta, con un 15% a 18% de los votos, en la segunda sea derrotado por el que quedó segundo.

–No voy a pedirte un pronóstico, pero me da la impresión de que la regionalización es un proceso que abarca más de una generación.

–En general, se trata de procesos de largo plazo, algo de que no hemos sido muy conscientes. Procesos que, en segundo lugar, suponen una voluntad política y acuerdos políticos compartidos por distintos sectores sociales en torno a objetivos básicos de la descentralización. Para mí está claro que la viabilidad de la misma en los próximos años pasa tanto por avanzar en una regionalización real cuanto por incorporar el papel de los municipios a la descentralización, hasta hoy excluidos. Pensando que, en efecto, hablamos de un proceso largo, hace falta definir sus características y temporalidad. Lo que nos falta ahora es el mediano plazo, pero este gobierno carece de voluntad política, de ahí que le sople la pluma al Congreso. AGP no puede desconocer su responsabilidad: incumplió sus promesas para la regionalización y no puede irse lavándose las manos.

Fuente: Revista Domingo

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