domingo, 3 de enero de 2010

Algunos apuntes internacionales del año 2009

VIÑETAS DEL AÑO QUE PASÓ

Escribe: Farid Kahhat Kahatt

Cuando comenzó el 2009 la invasión israelí de Gaza ya estaba en curso, y aunque culminó el mismo día en el que Barack Obama asumía la presidencia de los Estados Unidos, no cambió en lo esencial las circunstancias sobre el terreno: continúan tanto el control de Hamas sobre Gaza como el bloqueo israelí sobre ese territorio. Ese bloqueo sólo permite el ingreso regular a Gaza de una lista de 13 bienes, la cual no incluye materiales de construcción, razón por la que no se han podido revertir los efectos de la invasión, incluyendo la destrucción de viviendas y de la infraestructura urbana. Una comisión investigadora de Naciones Unidas presidida por Richard Goldstone (connotado abogado judío sudafricano), concluyó que tanto Hamas como (sobre todo) el Estado de Israel cometieron crímenes de guerra durante esa invasión.

El régimen iraní, por su parte, comenzó el año bajo sanciones internacionales por mantener un programa nuclear sin ponerlo bajo la plena supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica, y continuar enriqueciendo uranio como parte de él. El impasse en las negociaciones sobre el tema continúa, lo cual implica que no puede descartarse que los Estados Unidos o Israel decidan en algún momento emplear la fuerza para destruir la infraestructura nuclear iraní (con consecuencias dantescas para la estabilidad regional). A todo ello se suma la crisis política en Irán: iniciada por las acusaciones de fraude en las elecciones generales de mediados del 2009, ahora las manifestaciones opositoras no se limitan a cuestionar la legitimidad del gobierno de Ahmadinejad, sino que cuestiona la legitimidad de un régimen político dirigido en última instancia por el clero chiita.

En cuanto a Barak Obama, los principales logros de su primer año de gobierno se han dado en el frente interno (por ejemplo, la reforma del sistema de salud), y no en materia de política exterior. El año terminó con el fracaso de la conferencia internacional sobre cambio climático: el acuerdo logrado a última hora no establece metas vinculantes en materia de reducción de emisiones, por lo que cualquier avance queda librado a lo que puedan hacer las principales potencias del sistema internacional de manera unilateral (en particular China y los Estados Unidos, que dan cuenta por sí solos de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero).

Obama además continuó con el retiro de tropas estadounidenses de Irak, mientras incrementaba el contingente militar norteamericano en Afganistán. Como era previsible, eso llevó a un crecimiento de la violencia política en ambos países. Es probable sin embargo que, a diferencia de su antecesor, Obama establezca un límite en el futuro su injerencia de su gobierno en ambos países incluso en caso de continuar el proceso de deterioro. Más aún, como principio general podría decirse que el gobierno de Obama considera que, ante la severidad de los problemas económicos de su país (déficits fiscal y comercial crónicos, tasas de ahorro negativas, recuperación anémica con posibilidades de recaída, entre otros), las ambiciones imperiales de la administración Bush representaban un drenaje de recursos tan innecesario como insostenible.

Estamos hablando precisamente del cúmulo de circunstancias que le permitió a Obama prevalecer en las elecciones del 2008 y que, a la vez, constituye el presente griego que hace de la suya una gestión al filo de la navaja. Circunstancias que debemos en buena medida a los ideólogos neoconservadores que poblaron la administración Bush. La paradoja es que parte de ellos provenía de un pasado trotskista. Debido a su proverbial orfandad popular, el trotskismo desarrolló una táctica política conocida como “entrismo”. Esta consistía en infiltrar agrupaciones reformistas pertenecientes a la Internacional Socialista para intentar transformarlas desde dentro en partidos revolucionarios. Si fuera afecto a las teorías conspirativas diría que los neoconservadores nunca dejaron realmente de ser trotskistas, sólo que esta vez prefirieron infiltrar un partido conservador para intentar destruir el capitalismo imperial desde las entrañas mismas del monstruo. Porque nadie estuvo jamás tan cerca de lograr esos propósitos.

No hay comentarios.: