miércoles, 31 de diciembre de 2008

La izquierda y el fin del siglo XX

La izquierda y el fin del siglo XX
Sáb, 20/12/2008 - 01:17

Escribe: Alberto Adrianzén M.

El hecho más importante de este año (y de las últimas décadas) ha sido –y sigue siendo– la crisis de la economía capitalista mundial. En estos días, países como EEUU, Japón, Alemania y otros han anunciando que han entrado en recesión. Sin embargo, el dato de esta crisis, la más grave junto con la de los años 30, no radica solamente en su profundidad y extensión sino también en que pone fin al ciclo neoliberal que se inició hace más de dos décadas con la crisis de los Estados de Bienestar y con los triunfos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y de Ronald Reagan en EEUU, que convirtieron al capitalismo, sobre todo luego de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, en una fuerza aparentemente indiscutible e invencible. Fueron los años de la arrogancia neoliberal y neoconservadora que los llevó a decretar el “Fin de la Historia”.

Y si bien para el historiador inglés Eric Hobsbawn el siglo XX se acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, hoy podemos afirmar que con el desplome del capitalismo realmente existente, como bien dice mi amigo Juan Enrique Vega (socialista chileno), ahora sí estamos, en realidad, frente al fin del largo siglo XX.

Joseph Stiglitz en un reciente artículo, “Capitalistas estúpidos”, afirma que esta crisis se ha producido no por las fallas del sistema económico sino más bien por una sucesión de políticas, de intereses y de personajes que creían (codiciosamente) que los mercados al ajustarse solos no debían ser regulados: “La filosofía de la desregulación pagó dividendos indeseados durante años. En noviembre de 1999, el Congreso revocó la Ley Glass-Steagall –culminación de un esfuerzo de cabildeo de US$ 300 millones por las industrias bancarias y de servicios financieros, y liderado en el Congreso por el senador Phil Gramm. Glass-Steagall había separado desde hace tiempo a los bancos comerciales (que prestan dinero) y a los bancos de inversiones (que organizan la venta de bonos y valores); había sido promulgada como consecuencia de la Gran Depresión y debía limitar los excesos de esa era, incluidos los conflictos de intereses”.

Si el socialismo realmente existente fracasó por proteger los intereses de un puñado de burócratas que se había apropiado del Estado y adueñado de la voluntad popular, con el capitalismo realmente existente sucede lo mismo: es una minoría que se apropió del Estado y de la economía para enriquecerse. Por ello no es extraño que luego de la crisis se haya descubierto la estafa de Bernard Madoff, uno de los hombres más famosos y prestigiosos de Wall Street y que ha embaucado a bancos, fundaciones, millonarios, etc., por más de US$ 50,000 millones.

Y si bien la estafa Madoff es la fresa de la torta capitalista que cada vez más es solo para unos cuantos, es también una gran metáfora sobre cómo funciona un capitalismo que se basa en la búsqueda del dinero fácil y en la codicia, y que, al no encontrar barreras ni controles, termina por convertirse en una actividad mafiosa. Vuelvo a citar a Franklin Roosevelt: “Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado”.

Podríamos decir, en este contexto, que, finalmente, la izquierda ha sido liberada de una de sus últimas rémoras o cargas: la hegemonía que ejerció el neoliberalismo sobre una parte de ella. Si con la caída del Muro un sector de la izquierda se aproximó al neoliberalismo, como lo demuestra la famosa Tercera Vía construida por un laborismo y una socialdemocracia agotados históricamente, hoy, con la crisis mundial del capitalismo, ya no existen paradigmas a los cuales acudir. Ni el socialismo autoritario ni el neoliberalismo son alternativas para imaginar un mundo distinto. El siglo XX llega a su fin con el fracaso de las dos opciones que definieron todo este largo periodo.

Sin embargo caben dos precisiones: a) cuando se habla de fracaso, ello no implica que estos modelos de sociedad y desarrollo no sigan funcionando. Lo que se quiere decir es que ya no son alternativas para imaginar un mundo distinto; y b) no sería nada extraño que entremos a lo que Thomas Kuhn llama el movimiento circular de paradigmas luego de una gran crisis, es decir, al empleo de viejos paradigmas para explicar las actuales anomalías o, dicho de otra forma, a la supervivencia del dogmatismo tanto de izquierda como de derecha.

Si con la caída del Muro de Berlín la izquierda quedó desarmada, hoy con la crisis del capitalismo neoliberal y la caída de Wall Street (otro muro), esa misma izquierda se podría rearmar. Lo que se debe hacer, por lo tanto, es un debate abierto sobre la necesidad de un nuevo pensamiento original, capaz de aprender de sus errores históricos y de explicar y transformar la realidad. Por eso, a aquellos que decretaron el llamado “Fin de la Historia”, hay que decirles que ella goza de buena salud, señal que avanzamos.

Fuente: http://www.larepublica.pe/disidencias/20/12/2008/la-izquierda-y-el-fin-del-siglo-xx

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