miércoles, 10 de septiembre de 2008

La renovación de los partidos

Sucedió. La renovación de los partidos

Antonio Zapata

Una de las grandes causas del atraso nacional es la debilidad del sistema político. Los partidos casi no existen, los congresistas son una vergüenza y la población vive decepcionada. Una consecuencia de este lamentable estado de cosas es la inestabilidad. El país vive a sobresaltos y no hay tregua a los conflictos sociales.

Quien crea que la causa es exclusivamente económica se equivoca. El problema es político. A estos operadores no les cree nadie. No son gente seria y diariamente prometen lo que no van a cumplir. Algunos toman su labor como firmar actas que luego ignoran. Otros peor, se meten en pequeñas rapacerías que demuestran un afán ventajista y personalista que merece el repudio ciudadano.

El resultado es el descrédito. Por ello, el Perú registra un outsider en todas las elecciones desde 1990. Ellos expresan el malestar crónico de la población con el sistema. Como pocos ciudadanos creen en los partidos, en cada comicio hay quien aparece de pronto y por fuera del sistema preestablecido para disputar la elección y amenazar ganarla. Por definición el próximo outsider es alguien que no conocemos aún, pero que dejará con los crespos hechos tanto a Keiko como a Humala. El outsider surge rebalsando a los partidos parlamentarios y forja una estructura propia de un caudillo personalista. Así, hemos vuelto al caciquismo político y perdido a los partidos doctrinarios.

Pero, los partidos realmente existentes tienen en sus manos la capacidad para aliviar el sistema. Por un lado, el Congreso podría preparar la próxima elección modificando la ley para mejorar la calidad de los representantes. La mayor parte de la clase política está a favor de que desaparezca el voto preferencial, que introduce una competencia caníbal al interior de los partidos en el momento mismo de la elección, cuando deberían estar más unidos que nunca. Pero, para ello es preciso que las elecciones internas sean limpias y democráticas.

Ello nunca sucederá a menos que la ONPE tome el control de las primarias de los partidos. Si las primarias continúan en manos de comités nombrados por las cúpulas, nunca pasará nada bueno con ellas. A su vez, las primarias deben elegir al 100% de los candidatos. Hoy por hoy, la cúpula mantiene el derecho a nombrar el 20% de la lista y, peor, de colocar el orden en el que irán sus invitados. Así, se desnaturaliza el proceso de las primarias y es obvio que el ciudadano de a pie defienda el preferencial, porque, al fin y al cabo, otorga derecho a elegir.

Estos razonamientos fueron puestos sobre el tapete este fin de semana en Ica, en el marco del IV Encuentro Nacional de Actores Políticos Jóvenes. En este evento se han reunido jóvenes militantes de todos los partidos y de todas las regiones. No faltaba nadie de los oficiales ni tampoco de los candidatos a outsider. Desde Humala hasta Fujimori.

Estos jóvenes políticos se perciben vinculados entre sí por razones generacionales, más trascendentes que las ideologías que los separan. Esa conexión deriva de la edad y se vive como un conjunto de nociones comunes que fundamentan un discurso político generacional. En primer lugar, a la mayoría le importa el tema de los derechos humanos, poseen conciencia ecológica, detestan la corrupción y defienden la igualdad entre géneros. Es bastante. Se trata de una opción de vida antes que de un planteamiento político.

Se abre una posibilidad para que los partidos salven al sistema político. Echen a los Anayas y Canchayas y abran paso a sus propias juventudes. En el evento de Ica, los jóvenes presentes aceptaban militar y tener aspiraciones a cargos de representación. Además, las redes regionales de concejales jóvenes tenían activa participación. El ambiente era muy dinámico y se sentían juntos porque estaban superando la cultura del conflicto.

Entre los jóvenes de hoy prima el sentimiento de que es posible construir un consenso básico para conferirles estabilidad y continuidad a las iniciativas políticas. Ha llegado una generación más consensual que las anteriores. Si ayer se nacía a la política odiando a quien no se conocía, ahora prima el deseo de intercambiar puntos de vista y apreciar positivamente diversas experiencias. Recordemos a Manuel González Prada y pongamos en práctica su consejo.

Fuente: http://www.larepublica.com.pe/content/view/242879/481/

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