domingo, 6 de enero de 2008

Instituciones, Estado y soluciones

Instituciones, Estado y soluciones
Para dejar atrás la fragilidad que recorre una historia política reciente.
Por Pepi Patrón
Será bueno para el espíritu comenzar el año con alguna nota optimista. Para quienes temían que el juicio a Fujimori fuese simplemente una venganza política, ahí se está mostrando un poder judicial solvente, profesional, que está funcionando. Creo que es algo que a todos nos viene bien. Sobre todo tomando en cuenta que el Latinobarómetro del 2007 nos mostró que el Perú es el país de la región que mayor desconfianza tiene en el Poder Judicial; sólo un 8% cree que todos tenemos iguales oportunidades de acceso a la justicia.
No deja de ser importante, entonces, sentir que se comienza a re-institucionalizar un país cuyas instituciones fueron sistemáticamente demolidas, por gobiernos como el que presidió el hoy acusado, o sistemáticamente descuidadas por gobiernos como el anterior, que rehuyó la tarea de una reforma del Estado. A ver qué nos depara el actual.
Pero la satisfacción que puede producir el modo en que, hasta ahora, se ha conducido la extradición y el juicio se enturbia cuando constatamos el modo en que los peruanos y peruanas percibimos algunas de las más importantes instituciones públicas. Así, el Perú expresa también el nivel más bajo de satisfacción con los servicios que le brinda el Estado: sólo un 8% expresa alta satisfacción con ellos. En el mapa de desconfianza aparecen también, ya es tradición, los partidos políticos, el Congreso y el Poder Judicial.
Justamente, en el juicio en cuestión, Fujimori comentaba de manera anecdótica que cuando se presentó a las elecciones del año noventa, no conocía a nadie ni en los mandos militares ni en los partidos políticos existentes. Tratando de justificar la necesidad que tuvo de Montesinos, refirió la poca gente con la que contaba para confeccionar su lista al Congreso. Y con el mayor desparpajo comentó que al no tener personas suficientes puso el nombre de algún empleado doméstico, creo que jardinero o cocinero. En vez de pensar que con tal afirmación espantaría a jueces, abogados y ciudadanos, lo decía como para que comprendiésemos su necesidad de aferrarse a asesores, a militares y a los servicios de inteligencia.
Esta es parte de la debilidad institucional de nuestro país y, en particular, de los partidos políticos. Ya se ha subrayado, casi hasta el cansancio, que el gobierno actual prácticamente no tiene oposición, no tanto por convergencias ideológicas que sin duda existen, cuanto por la debilidad organizativa de los partidos existentes.
La información de las decenas de kits comprados en ONPE para inscribir partidos políticos no puede sino ser preocupante. Es como asistir a la historia de siempre: partidos que en realidad surgen para las elecciones, máquinas electorales sin programas ni idearios claros, que terminan improvisando candidatos de donde resultan los mediocres, malos y pésimos congresos que hemos tenido en los últimos años. Lamentablemente congresistas que contratan empleadas domésticas también vienen de los partidos "sólidos". Si miramos los procesos electorales de los últimos veinte años, veremos que la mayoría de los partidos que compitieron por el poder fueron formados para tales procesos. Vale para los partidos o movimientos liderados por Vargas Llosa, Fujimori, Pérez de Cuellar, Toledo, Humala. Los resultados de las elecciones regionales del 2006 muestran claramente la fragilidad de los partidos nacionales.
Se discute mucho hoy día si la debilidad de nuestras democracias se debe a la debilidad del Estado (es la tesis de Guillermo O’Donnell); o a la debilidad del capital social, las redes asociativas (es la tesis de Robert Putnam); o a la falta de cohesión social (tema de la última Cumbre Iberoamericana). Probablemente sean todas las anteriores. En todo caso, queda claro que para un país como el nuestro la tesis famosa de Ronald Reagan y el consenso de Washington, citada en el mismo informe, de que el Estado era parte del problema y no de la solución, ya no rige por estos lares. Debe ser parte de la solución.

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